De la muerte, no
Sálvenme de la vida
Sálvenme de mis ojos
Ya invadidos de gusanos,
De la herrumbre de mis huesos
Y del alma.
Atrás doctores, hechiceros, sacerdotes,
Oradores, ideologías en acecho:
De morir, no.
Sálvenme de la vida eterna,
De las cosas que toco y miro,
Sálvenme del amor y de mis
Padres muertos,
Sálvenme de este no-ser
En perpetua agonía.
José Revueltas[1]
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