Yo como tú
amo el amor,
la vida,
el dulce encanto de las cosas
el paisaje celeste de los días de enero.
También mi sangre bulle
y río por los ojos
que han conocido el brote de las lágrimas.
Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan,
de todos.
Y que mis venas no terminan en mí,
sino en la sangre unánime
de los que luchan por la vida,
el amor,
las cosas,
el paisaje y el pan,
la poesía de todos.
Roque Dalton en La ternura no basta, editorial Casa de las Américas (2004).
jueves, junio 25, 2015
Como tú, Roque Dalton
martes, junio 23, 2015
sábado, mayo 16, 2015
Viento de diamantes, Juan Bañuelos
La eternidad está enamorada de las obras del tiempo.W. BlakeLo mismo que Adán sumergido hasta la alondra del silencio,
sucio de humana noche en que he caído, rompo todos los pronombres
para tenderme en el día óseo de la plenitud.
Acudo ebrio de musgo y tulipanes hasta las criptas de las piedras
o de los ríos secos, donde muerden el silencio cárabos crepusculares
y en donde un hombre solitario se hinca.
Pisando soledad entro en el día, porque es dable a las criaturas
ver su hora crecer para hallar luego algo de los mortales
en un grano de arena. Mas también bajo las gradas seculares y
diviso el humo de las chozas de los hombres,
veo los caminos cotidianos, las nubes que anuncian el otoño
y a la mujer grávida de su fruto sentada en su hamaca
viendo pasar las horas.
Y me muevo con las hierbas,
y con el menor movimiento del caballo, y siento que dentro de mí corro
como ese río que estoy viendo que avanza.
¡Y miro alejarse la carreta del último cosechador!E igual que una palabra lanzada a la mitad del mar
caigo en el seno del prodigio. Y como el minero que se cubre
con las manos la faz cuando de pronto, ciego, reencuentra la luz
así la dulzura levanta su toga y me envuelve temerosa.
¡Ay, el hombre soy y no lo había advertido!
el amparado por dioses tutelares de la iniquidad, el que frecuenta
y ronda tanto rencor taimado del polvo con su cauda de crines blancas.
¡El hombre soy, mas no me basta!
Porque el sol tiene su trigo en llamas y el mar tiene los ojos tocados por la gracia.
El hombre soy
pero toda cosa nacida con la aurora, con ella muere,
y toda criatura que engendra la noche
con ella se aleja porque oscuro es su linaje. Todo pasa.
Y como el agua y el sol, también todo queda. Un silencio
que se sienta a esperar el primer ruido. Nuestra imagen
que se pierde y se encuentra como el humo que no es
más que el eco del fuego.
No otra cosa que la espuma negra
que va haciendo el arado sobre la tierra.
Y lejos de la memoria del viento que dejaron las épocas,
un olor de centeno y anís hace volver los pájaros.
Y porque el horizonte no es más que una hoja larga de perfil,
dejo que mudas tribus de peces muerdan los guijarros,
dejo que brille el hocico del jabalí en la noche
y que bajo el zumbido de las abejas
los bueyes trillen la mies.
¡Ay, reivindicación bañada en el ojo inocente!
¡Oh, exultación del mar sostenida en el resplandor!
¿De qué remoto sueño hemos caído? ¿Por qué somos una
rueda que grita enloquecida? ¡Ah! triste es nuestro
paso, en verdad,
¡No más que olas somos! Nos levantamos brevemente...
para seguir siendo mar.
Juan Bañuelos, en Espejo Humeante (1968).
domingo, mayo 10, 2015
Distancia, Mario Benedetti
Pensar que en un antes neblinoso y remoto
tu adolescencia era cotidiana
y notabas en las yemas de los dedos
las variables superficies de vida
que ahora sentís a veces en las uñas
en aquel breve prólogo del duelo
te recordás empero como un náufrago
que jamás había estado en un navío
o asimismo como un reloj de arena
al que nadie se ocupó de subvertir
pero también te evocás como un presagio
con el que hoy tenés hondas diferencias.
Mario Benedetti en Botella al mar (1978-1979).
miércoles, noviembre 26, 2014
Desde Adentro, Óscar Oliva
He conocido parte de mi país/ me ha asombrado su devastación
Me apoyo en uno de sus muros donde alguien ha escrito
Unas cuantas palabras de guerra/ tal vez inocentes
He tocado su raíz con los codos y la quijada
No sé nada, otra vez
A mi edad esto no me debería de sorprender
Soy hijo padre de asesinos yo mismo un asesino
Sobre esa raíz persiste la multitud de mi cólera
Óscar Oliva en Trabajo Ilegal. Poesía 1960-1982 (1984).
miércoles, febrero 12, 2014
Letrilla, Tomás Ramos Rodríguez
La poesía es el armadonde la noche traza,el coral de la marearumiando su andar terco.El sur es una dagaterso como la hoja, si,como labiales deseosaugurando la boca.Isla de agua, loca,trigueña porcelana,teología de sirena,rama, diente, cabello.Polen, nube, lucero;alas por la músicatemiendo la terribleagonía, pulso, muerte.Periódico Por Esto! 17 de Julio de 2013.
Amor que se cultiva con la muerte...
Tomás Ramos Rodríguez
Amor que se cultiva con la muerte,
agita el blanco que se torna ciego,
alma inerte caminando en hielo,
amor, escandalizas continentes.
Trocando el vuelo cual festiva eñe,
temblorosa boca de andar insecto,
tiñes persa flamante terciopelo,
convocas la tarde, la amante verde.
Poesía, claroscura sombra amas,
sobre la piel tu pulgar deriva,
agilizas el drama con la calma.
Amor, promesas, cadenas, cultivas,
escandaliza Caronte su balsa,
siendo amar muerte, la nada herida.
Periódico Por Esto! 11 de Julio de 2013.
Entendiendo la literatura
Tomás Ramos Rodríguez
Escribir es combatir, boca a
boca, el testimonio de lo vivido por el cuerpo. Silencio y metralla, selva y
espuma.
Escribir nos lleva hasta la
memoria allá donde el hombre no recuerda.
Escribir nos lleva hasta
donde la memoria se cansa de recordar, donde aún no hubo registro ni
documentos, donde no existió una escritura cuando todavía no existía la
historia.
Escribir es un lazo
indescriptible, una comunicación musical en que no importan o significan
demasiado lo actos sufridos por el cuerpo cuando la memoria los transforma,
cuando el recuerdo acude al presente para dejar una huella material de lo
recordado al modo en que queremos hacerlo.
En la escritura no hay
castigo, sino aceptación y comprensión. Entendimiento y una nueva charla que
surgirá del perdón. La moral que continuamente nos cruje los huesos, nos muerde
hasta desaparecer toda voluntad y, en el caso de Yucatán, las ganas de vivir.
No habrá vida mientras no
haya en nosotros autocompasión. Tenemos que aprender a perdonarnos, solo así
podremos vivir más plenamente, en plenitud, haciéndonos a un lado todo lo que
nos aflige, incluso, las ganas de desaparecer.
A veces deseamos morir
porque tenemos una experiencia vital muy intensa. Esa intensidad, hay que
dosificarla para después entenderla. Ante esto hay que aprender que no estamos
solos aunque vivamos solitariamente pero, con los demás, siempre estaremos
juntos. Y las personas que menos pensamos e imaginamos, son las que nos asombran
con la sorpresa del amor.
Del mismo modo, los sujetos
literarios que encontramos en los libros son una manera de hablar con nosotros
mismos.
Leer es regresar a nuestros
acontecimientos personales o visitar futuros escenarios donde quisiéramos vernos
retratados. Nunca nos enfocaremos en el presente pues, en mi caso, es un acto
de despersonalización por medio del hecho de imaginar. No es enajenación sino
un diálogo conmigo mismo, una fuente comunicativa que me lleva a entender el
presente con la reflexión y reestructuración de los hechos que haya vivido en
el pasado y, los que posiblemente, llegue a vivir en el futuro.
Leer literatura es el
profundo y secreto arte de encontrarse con uno mismo.
Periódico Por Esto! 1 de Julio de 2013.
La usurpación de la materia
Tomás Ramos Rodríguez
El escritor, efectivamente, también
escribe la historia. Surge el sujeto literario como un error lingüístico, como
una escritura forzada y anticanónica, que existe como “el no debiera estar
aquí”; cuando a la escritura no hay que juzgarla, sino hay que compartirle
nuestros secretos. Hay que preguntarle su origen, si la materia de la que nació
fue el amor. Mario Benedetti supo de eso. Por eso su mirada se llenaba,
diariamente, de rocío material.
La poesía vive en el verso
y, es cierto, en las palabras; pero esa, para que vibre debe estar compuesta de
materia y de sustancia. La poesía no solamente vive en el vicioso endecasílabo,
musical y facilón, que algunas ocasiones es un estigma en el que muchos poetas caen,
pues utilizan esta licencia poética para lograr una musicalidad agradable al
oído y repiten como fórmula, alejando su poema –hecho éste, es cierto, de
palabras– de una materia humana que permita abrir las dimensiones del
significado en el poema a un universo mucho mayor.
Hagamos de cuenta que
tenemos una nieve de limón; o sea, esta es una nieve con sabor, una nieve que
no es nieve natural debido a su condición de frescura saborizada, no pura, pero
en su artificio pervive llena de sabores con sus colores antinaturales. Como el
ritmo poético, esta nieve de limón, es una composición semántica que está
compuesta de sonidos que se modifican con la intervención verbal y el orden
gramatical de la lengua, así como con sus calificativos, pronombres, etc. Sí,
son palabras, pero estas palabras son dirigidas por un orden que se establece
desde la gramática que rige las reglas con que se produce determinada lengua
que modifica nuestro entorno, cuando elige palabras diferentes de acuerdo a la
condición social, cultural y política, desde la cuál estamos hablando.
La poesía, entonces, es una
forma de musicalizar y multiplicar el universo de sentidos del habla, donde
nuestra lengua y signos gestuales comunican nuestro entendimiento y relación
diaria con las cosas que nos rodean. Uno de los artes más increíbles que un
poeta puede manejar es el curso que puede darle a los significados de las
palabras que cotidianamente usa de una forma, para que pueda cambiarles ese
sentido a otro diferente que vive como unidad dentro de una obra de arte.
Este arte de la mentira es también
comunicar; versar comunicará musicalmente el sonido de la memoria, la
abstracción de nuestra historia bajo el universo de los significados de las
cosas.
El verso es un artificio de
sonidos falsos, es un sonido proveniente de la imaginación verbal, un conjunto
de sonidos creados que al ejecutarse con la voz, así como cuando ejecutamos una
canción con una guitarra. Versos con métrica, como en la poesía barroca y
clásica con sus rimas, produciendo una materia.
Pero todos quieren hablar de
poesía, ser artistas, poetas, hasta quienes no lo son. Muchos quieren ser
profesionales u orfebres del verso, de la materia del mensaje, aunque no
conjuguen en el habla diaria de manera adecuada un verbo. Entre ellos
encontramos muchos artistas postmodernos, postmodernistas, paramodernos,
metamodernos, antemodernos, inversomodernos y hasta “anverso” modernos, que
andan emitiendo mensajes arbitrarios sin una red de significados que le den
coherencia a lo emitido; o sea, mensajes sin mensaje.
Periódico Por Esto! 28 de Junio de 2013.
Periódico Por Esto! 28 de Junio de 2013.
Bravuconerías
Tomás Ramos
Rodríguez
Estimado
Manuel Álvarez Gato:
Aproximadamente
hace 10 años, después de darle inicio a nuestra amistad, empezamos a reunirnos
en los cafés citadinos. Caminábamos por las calles de Mérida pensando en los
atardeceres cuando era de noche; cuando era de día, pensábamos nuevamente en la
noche. Hoy es nuevamente el aire, adverbio modificando el verbo, nuevamente la
charla y la tertulia, nuevamente la literatura pero sin las redes sociales.
Lo mejor al escribir contigo ha sido trascender talleres
literarios, pelafustanerías y pirómanos disfrazados de lenguajes barrocos;
nunca han enunciado el canto positivo de la angustia, aunque disfrazan de
heroísmo el dolor de pecho y la desesperación. La literatura no es angustia
mocha, sino tonalidades deslumbrantes que se abren ante nuestros ojos.
¿Sabes? Pensaba en el tapón, creo que muchos necesitan tapar
el boquete. Paquetes por doquier, hasta en el café de olla y en el oráculo del
menú. Pienso en la cartografía caníbal, el Che tomando mate y en las hazañas de
Jimbo y el Cachaco en los bordes de la frontera.
¿Sabes que viví 2 años en la frontera de Ciudad Juárez y El
Paso, Tejas? Viví en las entrañas indígenas de Nuevo México; ahí tuve una casa,
un conejo que hablaba con la luna. La casa avizoraba en la ventana las tardes
frescas con un rojo sol, por los inviernos nieve con frío, que se mantenía
hasta por 2 semanas sin derretirse de la cornisa, tal como sucedió en Boston
donde recuerdo las heladas praderas de la noche. Ahí leí Caliban y descubrí que
poseo el lenguaje del amo.
Pienso que reflexionemos en lo que hace unos días el Dr.
Gaspar Baquedano escribió bajo el título de MEDIOCRIDADES: “Rechazamos lo que
no es afín a nosotros, lo que es diferente, distinto y diverso porque de alguna
manera, nuestra posición egocéntrica se siente amenazada con lo que no es
igual, parecido o conocido. Atacamos y descalificamos con rabia lo que no es
como nosotros, al que no ve las cosas como creemos que son, a quien se atreva a
presentarnos una imagen del mundo que se escapa de los rígidos y estrechos
márgenes de nuestro autoritarismo.”
Ese “nosotros” donde se encuentra reflejada la sociedad es
la que nos rechazará, siempre ha sido así, por pensar de manera diferente a
como lo hacen los demás. Dentro de este parámetro se encuentra, por supuesto,
la cultura, el arte y la literatura. Pasemos a otra página, sigamos escribiendo
la visión que portamos ante quienes no la entienden y, no quieren entender, bajo
la enorme capa del ego y el autoritarismo. Ellos serán alcanzados por su
destino, tarde o temprano, pero dentro de poco.
Hace 10 años las guitarras nos sorprendían en la madrugada,
leíamos los poemas que ayer tanto nos inspiraron, nos reuníamos en los cafés
todos los días, nos incendiaba la avenida y el tránsito de los autos pasando,
las parejas amándose cuando aún no existían los celulares. Recuerdo el teléfono
público afuera de mi casa en la avenida, alrededor del cuál los amigos nos
quedábamos a contar historias sobre el amor. Aquel amor, junto al teléfono, que
tan solo unos días nos había abandonado para siempre.
Atentamente:
Jimbo “El Tomate” Jones.
Desde la Finiquera, en la
Nazizona, en el corazón de Aztlán.
P.D.1. ¿Y la literatura,
otra vez, cuando?
P.D.2. La literatura es un
mar que, como lenguaje, en sí misma se desborda.
Periódico Por Esto! 3 de mayo de 2013.
Periódico Por Esto! 3 de mayo de 2013.
martes, febrero 11, 2014
Mis últimos días con Pedro Infante
Tomás Ramos Rodríguez
Nunca se deja de
extrañar a quien se ama. Y después de tanto silencio, viene a llenarse todo con
el ruido de la gente a mi alrededor. Vuelvo a pensar en Pedro Infante, vuelvo a
leer de él. Vuelvo a leer lo que escribí de él. Termino por desconcertarme,
como sucede cuando despierto después de varios días de estar escribiendo. Repasando
un café en la Flor de Santiago, me sorprende la voz de Pedro Infante en una
canción ranchera; como cuando canta en el Gavilán Pollero, cuando siente que le
arrancaron las garras. Grita. Yo grito. Nadie lo ve. Abro mi libro nuevamente y
le digo, has vuelto a aparecer. Mis ojos se proyectan hacia la calle porque me
llama la atención un cliente norteamericano de facciones latinas que pide más
café, bastante arrogante. Despierto con los dictámenes que acabo de leer,
recuerdo las noticias. Pedro Infante sigue cantando desgarradoramente alrededor
de las calurosas esquinas de la Flor de Santiago. Pido más café para despertar
la voz que adormilada reposa en mi garganta. Pedro Infante continua en la radio.
Yo tengo que ir al baño: orino: me lavo la cara: regreso. Cuando regreso
descubro que ese hombre extranjero sigue comiendo. Miro mis manos y no puedo
sacar ningún libro más. Sólo me quedo con la canción, así como si solamente
quisiera quedarme con Pedro Infante. Como buscando ese espacio en el que
pudiera sentir que le estoy haciendo justicia, homenaje. Pero cualquier cosa
que yo haga, termina por parecer algo muy menor comparado con lo que cualquier
fan pudiera hacerle sentir. Mientras caía, él veía el suelo de Mérida acercarse
seguramente muy caliente hacia sus ojos.
Fue
en el mes de abril, en un mes como éste. Seguramente sus ojos fueron más
intensos que nunca mientras el vuelo se incendiaba. Más que cuando miraba fijamente
a las personas, cuando estas lo miraban cantar en el cine. Con más fuego,
incluso, que cuando miraba a la mujer que amaba en la pantalla de cine o la
pantalla de la vida real. Pero caía con un fuego más intenso, cuando se daba
cuenta que se le consumía la vida que tanto quería, aquí, en las piedras
calientes de Yucatán. Cincuenta años más tarde, me encuentro aquí, repasando
mis escritos y escribiendo nuevamente, y pensando como escribir otra vez quien
fue. No quiero dejar de escribir de él aunque nunca diga nada. Aunque nunca
escriba algo como si fuera un fan y, mas bien, como si el fuera mi pretexto
para escribir o escuchar sus canciones. Me gusta mucho escuchar sus canciones,
y me gusta mucho escucharlo desgarrarse. Aunque nunca tomara alcohol, sabía
desgarrarse la voz muy bien. Y sabía muy bien que a la gente le hubiera gustado
desgarrarse como el mismo lo hacía. Así, de pronto, así muy aguardientemente.
Aunque él no tomara una gota de alcohol. Eso no quiere decir que las personas
que lo escuchan y lo escucharon no quieran hacerlo.
Cuando
lo escucho en la radio de la Flor de Santiago y repaso Por el amor de Pedro
Infante de Denise Chávez, en la novela que fue su vida, imagino como fue
desgarrándose y destartalándose ese avión que cayó del cielo y al que nadie le
gusta recordar. Cayendo por el cielo yucateco como una antorcha enloquecida,
sorprendiendo a las familias de la colonia donde cayó como una bola de fuego.
Por eso, su mirada fija, en la estatua hecha de llaves donadas, que se
encuentra cerca del sitio donde fue el final de su vuelo, esta muy grabada en
mi mirada, esa mirada suya hecha de llaves derretidas y de fuego oscuro.
Encontrando mis ojos como los suyos, como cuando el avión caía, perdidos, perdido,
perdiéndose en el fuego; como yo, perdido en el fuego de Mérida, cuando camino
nuevamente a la Catedral. Pensando quizá, cuando será como el suyo, mi
encuentro.
Periódico Por Esto! 11 de abril de 2013.
Ella
Tomás Ramos Rodríguez
Los mariachis
callaron…
de mi mano sin fuerza
cayó mi copa
sin darme cuenta
de mi mano sin fuerza
cayó mi copa
sin darme cuenta
“Ella”, Pedro Infante.
Siempre mirando la pulsera y el reloj. Siempre mirando
las mismas horas moverse por mi muñeca evocando el café Baktún o una palabra
del camarada en el rincón del salón de clase, leyendo “La
Insoportable Levedad del Ser” de Milán Kundera. Nuestros amigos sumergidos en
la Flor de Santiago y los minutos impacientes. ¿Cuál
fue el itinerario Capitán de la plataforma oscurecida de la nada? Las clases de
semiótica fueron la opción para nuestros navíos; los versos, la pluma y la
furia, en los poemas que no se podían concretar. Sin embargo, en la noche
siguiente a aquel huracán destructor fuimos tan solo por otra taza de café. Siempre
el café y el cigarro en nuestras muertes, y recorrimos los salones
universitarios buscando la respuesta en los suicidas. Los ayeres de hoy no son
los mismos ayeres en que nos comunicábamos con notas secretas. Los amores y la
cerveza, los amores y las vueltas por Mérida, los amores y aún anhelando lo que
había dejado de pertenecernos.
Giramos en nuestros suicidios, filo y
demonios en los lápices; en basura que se acumula en el cristal que ahora miro
y no aguarda un callejón, sino estudiantes con mochilas olvidadas de ser humanas.
Solo importa el tiempo y cuando la próxima comida. Solo importa el que sigue,
el quien vive, el ardor del frío fuego desértico calcinándonos la garganta y
los pulmones al cumplir al otro lado del pupitre. Hoy represento a quien nosotros
admirábamos empuñando tan solo un signo, para darnos todas las respuestas de
las preguntas que nos hundían más. Al despertar, abrir los ojos no es cosa
fácil. Abrir los ojos con tanta violencia es algo para lo que nunca te preparan.
Desde la soledad he invocado miedos, muchos miedos, algunos de ellos
prehistóricos. Miedos donde persigo toda la añoranza de isla que soy contenida
en esta taza. Si antes fue la maldita circunstancia del agua por todas partes,
si fue la maldita circunstancia de la lluvia que me obligaba a sentarme en la
mesa del café, hoy la maldita circunstancia de la arena me obliga a no moverme
y a solidarizarme con cualquier extraño al cual injustamente llamo: mi amigo.
Sobrevivir las arenas blancas, la frontera
México-Estados Unidos y su denso aire, te hace sentir una nostalgia
insoportable por todos los que se quedaron. Hasta quien se quedó en el tiempo y
el recuerdo, en el pasado de lluvias y caroles humectantes que no parecen
existir más en este cuadrante. Las montañas emergen con su violencia fraticida,
se imponen los colores rojos ante la inconsecuencia de la espuma y los verdes
selváticos que se quedaron tan atrás. Yo rezo “Bendíceme, Última”, como Rudy
Anaya, para que no se olvide de nuestra raza aquí en la frontera, de pie y
mirando fríamente los miles de rostros que he cruzado en el puente con miles de
rostros como el mío, que hablan múltiples lenguas en esta Babel reforzada con
muros de acero.
Cercas con púas, miras telescópicas,
francotiradores, puentes, patrullas, menesterosos fronterizos, prostitutas, un
loco gritándome desde abajo del puente, dos rostros esposados por la sospecha
de ser ilegales, dos rostros que son iguales a mi rostro en la puta impotencia
de aguantar la vejación por la necesidad, un loco gritándome desde abajo del
puente, por el dinero, el trabajo seguro, un loco gritándome
desde abajo del puente, la cerveza, la música, el tequila, un
hombre golpeado, las norteñas, las rancheras, los tarahumaras, gritándome
desde abajo del puente, las tiendas fronterizas, caminan recuerdos
de diosas por el Parque de las Américas en mi frente, la espalda de
esa mujer y su belleza, por mi frente, un pequeño mensaje
de papel en mis manos… Amo a los locos, a los pordioseros, a la familia
golpeada por la policía; amo a las familias que no son mi familia pero que son como
mi familia, a las que les grito: “a ustedes les amo”, en este poema que, silencioso, camina conmigo.
En el puente Santa Fe, en la frontera
México-Estados Unidos de Ciudad Juárez con El Paso, Texas, en la breve
animación que lo sostiene, el poeta Agustín García Delgado en su poema dice….
“Aunque el amor es accidente y
contingencia,
aunque el amor es incierto,
nebuloso,
yo no quiero que falten uno ni otro:
quiero vino y amor,
beber y amar
hasta que estalle.”
Querido Agustín, con tan solo leerte a
vivir me enseñas. Vivir
es tan solo vivir cuando se goza. Vivir tan solo vale la pena cuando se vive y
se gozan los secretos más intensos frente al frío que reprime el aliento cálido
evaporándolo en escaso rumor. ¿Será que yo también me estoy escapando en él?
¿Que yo también me disuelvo? ¿Que yo también me evaporo? ¿Que yo también soy
otra imagen en la sordidez de la frontera donde el discurso de “la buena fe” carece
de significado y sencillamente a nadie importa? ¿Cuál es la nota? ¿Cuál será la
voz? ¿Cuál será el canto? ¿El que hablará por mí para interpretar, denunciar
tanta vileza, tanta hipocresía? ¿Será que mi vida cae cuando siento crecer este
límite que todo desenmascara, que me muestra su verdadero rostro cuando tomo
una cerveza apuntando con ella hacia los rayos infrarrojos de la antena militar
que me irradia?
Antes
de bajar el brazo siento que caigo. Apenas despedazado por cientos de cosas
inútiles.
Periódico Por Esto! 31 de marzo de 2013.
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