viernes, febrero 26, 2016

Drinking While Driving, Raymond Carver







It's August and I have not 
read a book in six months 
except something called The Retreat from Moscow
by Caulaincourt 
Nevertheless, I am happy 
riding in a car with my brother 
and drinking from a pint of Old Crow. 
We do not have any place in mind to go, 
we are just driving. 
If I closed my eyes for a minute 
I would be lost, yet 
I could gladly lie down and sleep forever 
beside this road 
my brother nudges me. 
Any minute now, something will happen.


 
Raymond Carver, "Drinking While Driving, en Winter Insomnia, 1970.  




martes, enero 05, 2016

Sin sitio







Ya sea Mérida o cualquier ciudad: la errancia es la misma. El frío se desploma por los contornos de la noche. Caminar sin rumbo fijo, como enfrente de la playa, mirando el mar. Cerca de ella, siempre en ella, Sargaza; errancia perenne que me arrastra. 

Sigo estando aquí. 

Aquí hoy. 
 

 





martes, diciembre 08, 2015

jueves, noviembre 19, 2015

Instrucciones para llorar, Julio Cortázar





Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente. Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca. Llegado el llanto, se tapará con decoro el rostro usando ambas manos con la palma hacia adentro. Los niños llorarán con la manga del saco contra la cara, y de preferencia en un rincón del cuarto. Duración media del llanto, tres minutos.

Julio Cortázar



 

jueves, junio 25, 2015

Como tú, Roque Dalton



Yo como tú

amo el amor,

la vida,

el dulce encanto de las cosas

el paisaje celeste de los días de enero.

 

También mi sangre bulle

y río por los ojos

que han conocido el brote de las lágrimas.

Creo que el mundo es bello,

que la poesía es como el pan,

de todos.

 

Y que mis venas no terminan en mí,

sino en la sangre unánime

de los que luchan por la vida,

el amor,

las cosas,

el paisaje y el pan,

la poesía de todos.



Roque Dalton en La ternura no basta, editorial Casa de las Américas (2004). 



sábado, mayo 16, 2015

Viento de diamantes, Juan Bañuelos

 


La eternidad está enamorada de las obras del tiempo.
W. Blake

Lo mismo que Adán sumergido hasta la alondra del silencio,
sucio de humana noche en que he caído, rompo todos los pronombres
para tenderme en el día óseo de la plenitud.
Acudo ebrio de musgo y tulipanes hasta las criptas de las piedras
o de los ríos secos, donde muerden el silencio cárabos crepusculares
y en donde un hombre solitario se hinca.
Pisando soledad entro en el día, porque es dable a las criaturas
ver su hora crecer para hallar luego algo de los mortales
en un grano de arena. Mas también bajo las gradas seculares y
diviso el humo de las chozas de los hombres,
veo los caminos cotidianos, las nubes que anuncian el otoño
y a la mujer grávida de su fruto sentada en su hamaca
viendo pasar las horas.
Y me muevo con las hierbas,
y con el menor movimiento del caballo, y siento que dentro de mí corro
como ese río que estoy viendo que avanza.
¡Y miro alejarse la carreta del último cosechador!
E igual que una palabra lanzada a la mitad del mar
caigo en el seno del prodigio. Y como el minero que se cubre
con las manos la faz cuando de pronto, ciego, reencuentra la luz
así la dulzura levanta su toga y me envuelve temerosa.
¡Ay, el hombre soy y no lo había advertido!
el amparado por dioses tutelares de la iniquidad, el que frecuenta
y ronda tanto rencor taimado del polvo con su cauda de crines blancas.
¡El hombre soy, mas no me basta!
Porque el sol tiene su trigo en llamas y el mar tiene los ojos tocados por la gracia.
El hombre soy
pero toda cosa nacida con la aurora, con ella muere,
y toda criatura que engendra la noche
con ella se aleja porque oscuro es su linaje. Todo pasa.
Y como el agua y el sol, también todo queda. Un silencio
que se sienta a esperar el primer ruido. Nuestra imagen
que se pierde y se encuentra como el humo que no es
más que el eco del fuego.
No otra cosa que la espuma negra
que va haciendo el arado sobre la tierra.
Y lejos de la memoria del viento que dejaron las épocas,
un olor de centeno y anís hace volver los pájaros.

Y porque el horizonte no es más que una hoja larga de perfil,
dejo que mudas tribus de peces muerdan los guijarros,
dejo que brille el hocico del jabalí en la noche
y que bajo el zumbido de las abejas
los bueyes trillen la mies.
¡Ay, reivindicación bañada en el ojo inocente!
¡Oh, exultación del mar sostenida en el resplandor!
¿De qué remoto sueño hemos caído? ¿Por qué somos una
rueda que grita enloquecida? ¡Ah! triste es nuestro
paso, en verdad,
¡No más que olas somos! Nos levantamos brevemente...
para seguir siendo mar.
 
 
 Juan Bañuelos, en Espejo Humeante (1968).  

domingo, mayo 10, 2015

Distancia, Mario Benedetti


 

Pensar que en un antes neblinoso y remoto
tu adolescencia era cotidiana
y notabas en las yemas de los dedos
las variables superficies de vida
que ahora sentís a veces en las uñas

en aquel breve prólogo del duelo

te recordás empero como un náufrago
que jamás había estado en un navío
o asimismo como un reloj de arena
al que nadie se ocupó de subvertir

pero también te evocás como un presagio

con el que hoy tenés hondas diferencias.


Mario Benedetti en Botella al mar (1978-1979).



miércoles, noviembre 26, 2014

Desde Adentro, Óscar Oliva







He conocido parte de mi país/ me ha asombrado su devastación

Me apoyo en uno de sus muros donde alguien ha escrito

Unas cuantas palabras de guerra/ tal vez inocentes

He tocado su raíz con los codos y la quijada

No sé nada, otra vez

A mi edad esto no me debería de sorprender

Soy hijo padre de asesinos yo mismo un asesino

Sobre esa raíz persiste la multitud de mi cólera


 

 

Óscar Oliva en Trabajo Ilegal. Poesía 1960-1982 (1984). 









miércoles, febrero 12, 2014

Letrilla, Tomás Ramos Rodríguez




 
La poesía es el arma
donde la noche traza,
el coral de la marea
rumiando su andar terco.

El sur es una daga
terso como la hoja, si,
como labiales deseos
augurando la boca.

Isla de agua, loca,
trigueña porcelana,
teología de sirena,
rama, diente, cabello.

Polen, nube, lucero;
alas por la música
temiendo la terrible
agonía, pulso, muerte.


Periódico Por Esto! 17 de Julio de 2013.  


 

Amor que se cultiva con la muerte...

Tomás Ramos Rodríguez

Amor que se cultiva con la muerte,
agita el blanco que se torna ciego,
alma inerte caminando en hielo,
amor, escandalizas continentes.

Trocando el vuelo cual festiva eñe,
temblorosa boca de andar insecto,
tiñes persa flamante terciopelo,
convocas la tarde, la amante verde.

Poesía, claroscura sombra amas,
sobre la piel tu pulgar deriva,
agilizas el drama con la calma.

Amor, promesas, cadenas, cultivas,
escandaliza Caronte su balsa,
siendo amar muerte, la nada herida.

Periódico Por Esto! 11 de Julio de 2013. 


Entendiendo la literatura

Tomás Ramos Rodríguez

Escribir es combatir, boca a boca, el testimonio de lo vivido por el cuerpo. Silencio y metralla, selva y espuma.

Escribir nos lleva hasta la memoria allá donde el hombre no recuerda.

Escribir nos lleva hasta donde la memoria se cansa de recordar, donde aún no hubo registro ni documentos, donde no existió una escritura cuando todavía no existía la historia.

Escribir es un lazo indescriptible, una comunicación musical en que no importan o significan demasiado lo actos sufridos por el cuerpo cuando la memoria los transforma, cuando el recuerdo acude al presente para dejar una huella material de lo recordado al modo en que queremos hacerlo.

En la escritura no hay castigo, sino aceptación y comprensión. Entendimiento y una nueva charla que surgirá del perdón. La moral que continuamente nos cruje los huesos, nos muerde hasta desaparecer toda voluntad y, en el caso de Yucatán, las ganas de vivir.

No habrá vida mientras no haya en nosotros autocompasión. Tenemos que aprender a perdonarnos, solo así podremos vivir más plenamente, en plenitud, haciéndonos a un lado todo lo que nos aflige, incluso, las ganas de desaparecer.

A veces deseamos morir porque tenemos una experiencia vital muy intensa. Esa intensidad, hay que dosificarla para después entenderla. Ante esto hay que aprender que no estamos solos aunque vivamos solitariamente pero, con los demás, siempre estaremos juntos. Y las personas que menos pensamos e imaginamos, son las que nos asombran con la sorpresa del amor.

Del mismo modo, los sujetos literarios que encontramos en los libros son una manera de hablar con nosotros mismos.

Leer es regresar a nuestros acontecimientos personales o visitar futuros escenarios donde quisiéramos vernos retratados. Nunca nos enfocaremos en el presente pues, en mi caso, es un acto de despersonalización por medio del hecho de imaginar. No es enajenación sino un diálogo conmigo mismo, una fuente comunicativa que me lleva a entender el presente con la reflexión y reestructuración de los hechos que haya vivido en el pasado y, los que posiblemente, llegue a vivir en el futuro.

Leer literatura es el profundo y secreto arte de encontrarse con uno mismo.

Periódico Por Esto! 1 de Julio de 2013. 





La usurpación de la materia

Tomás Ramos Rodríguez

El escritor, efectivamente, también escribe la historia. Surge el sujeto literario como un error lingüístico, como una escritura forzada y anticanónica, que existe como “el no debiera estar aquí”; cuando a la escritura no hay que juzgarla, sino hay que compartirle nuestros secretos. Hay que preguntarle su origen, si la materia de la que nació fue el amor. Mario Benedetti supo de eso. Por eso su mirada se llenaba, diariamente, de rocío material.

La poesía vive en el verso y, es cierto, en las palabras; pero esa, para que vibre debe estar compuesta de materia y de sustancia. La poesía no solamente vive en el vicioso endecasílabo, musical y facilón, que algunas ocasiones es un estigma en el que muchos poetas caen, pues utilizan esta licencia poética para lograr una musicalidad agradable al oído y repiten como fórmula, alejando su poema –hecho éste, es cierto, de palabras– de una materia humana que permita abrir las dimensiones del significado en el poema a un universo mucho mayor.

Hagamos de cuenta que tenemos una nieve de limón; o sea, esta es una nieve con sabor, una nieve que no es nieve natural debido a su condición de frescura saborizada, no pura, pero en su artificio pervive llena de sabores con sus colores antinaturales. Como el ritmo poético, esta nieve de limón, es una composición semántica que está compuesta de sonidos que se modifican con la intervención verbal y el orden gramatical de la lengua, así como con sus calificativos, pronombres, etc. Sí, son palabras, pero estas palabras son dirigidas por un orden que se establece desde la gramática que rige las reglas con que se produce determinada lengua que modifica nuestro entorno, cuando elige palabras diferentes de acuerdo a la condición social, cultural y política, desde la cuál estamos hablando.

La poesía, entonces, es una forma de musicalizar y multiplicar el universo de sentidos del habla, donde nuestra lengua y signos gestuales comunican nuestro entendimiento y relación diaria con las cosas que nos rodean. Uno de los artes más increíbles que un poeta puede manejar es el curso que puede darle a los significados de las palabras que cotidianamente usa de una forma, para que pueda cambiarles ese sentido a otro diferente que vive como unidad dentro de una obra de arte.

Este arte de la mentira es también comunicar; versar comunicará musicalmente el sonido de la memoria, la abstracción de nuestra historia bajo el universo de los significados de las cosas.

El verso es un artificio de sonidos falsos, es un sonido proveniente de la imaginación verbal, un conjunto de sonidos creados que al ejecutarse con la voz, así como cuando ejecutamos una canción con una guitarra. Versos con métrica, como en la poesía barroca y clásica con sus rimas, produciendo una materia.

Pero todos quieren hablar de poesía, ser artistas, poetas, hasta quienes no lo son. Muchos quieren ser profesionales u orfebres del verso, de la materia del mensaje, aunque no conjuguen en el habla diaria de manera adecuada un verbo. Entre ellos encontramos muchos artistas postmodernos, postmodernistas, paramodernos, metamodernos, antemodernos, inversomodernos y hasta “anverso” modernos, que andan emitiendo mensajes arbitrarios sin una red de significados que le den coherencia a lo emitido; o sea, mensajes sin mensaje.

Periódico Por Esto! 28 de Junio de 2013. 









Bravuconerías

Tomás Ramos Rodríguez

Estimado Manuel Álvarez Gato:

Aproximadamente hace 10 años, después de darle inicio a nuestra amistad, empezamos a reunirnos en los cafés citadinos. Caminábamos por las calles de Mérida pensando en los atardeceres cuando era de noche; cuando era de día, pensábamos nuevamente en la noche. Hoy es nuevamente el aire, adverbio modificando el verbo, nuevamente la charla y la tertulia, nuevamente la literatura pero sin las redes sociales.

Lo mejor al escribir contigo ha sido trascender talleres literarios, pelafustanerías y pirómanos disfrazados de lenguajes barrocos; nunca han enunciado el canto positivo de la angustia, aunque disfrazan de heroísmo el dolor de pecho y la desesperación. La literatura no es angustia mocha, sino tonalidades deslumbrantes que se abren ante nuestros ojos.

¿Sabes? Pensaba en el tapón, creo que muchos necesitan tapar el boquete. Paquetes por doquier, hasta en el café de olla y en el oráculo del menú. Pienso en la cartografía caníbal, el Che tomando mate y en las hazañas de Jimbo y el Cachaco en los bordes de la frontera.

¿Sabes que viví 2 años en la frontera de Ciudad Juárez y El Paso, Tejas? Viví en las entrañas indígenas de Nuevo México; ahí tuve una casa, un conejo que hablaba con la luna. La casa avizoraba en la ventana las tardes frescas con un rojo sol, por los inviernos nieve con frío, que se mantenía hasta por 2 semanas sin derretirse de la cornisa, tal como sucedió en Boston donde recuerdo las heladas praderas de la noche. Ahí leí Caliban y descubrí que poseo el lenguaje del amo.

Pienso que reflexionemos en lo que hace unos días el Dr. Gaspar Baquedano escribió bajo el título de MEDIOCRIDADES: “Rechazamos lo que no es afín a nosotros, lo que es diferente, distinto y diverso porque de alguna manera, nuestra posición egocéntrica se siente amenazada con lo que no es igual, parecido o conocido. Atacamos y descalificamos con rabia lo que no es como nosotros, al que no ve las cosas como creemos que son, a quien se atreva a presentarnos una imagen del mundo que se escapa de los rígidos y estrechos márgenes de nuestro autoritarismo.”

Ese “nosotros” donde se encuentra reflejada la sociedad es la que nos rechazará, siempre ha sido así, por pensar de manera diferente a como lo hacen los demás. Dentro de este parámetro se encuentra, por supuesto, la cultura, el arte y la literatura. Pasemos a otra página, sigamos escribiendo la visión que portamos ante quienes no la entienden y, no quieren entender, bajo la enorme capa del ego y el autoritarismo. Ellos serán alcanzados por su destino, tarde o temprano, pero dentro de poco.

Hace 10 años las guitarras nos sorprendían en la madrugada, leíamos los poemas que ayer tanto nos inspiraron, nos reuníamos en los cafés todos los días, nos incendiaba la avenida y el tránsito de los autos pasando, las parejas amándose cuando aún no existían los celulares. Recuerdo el teléfono público afuera de mi casa en la avenida, alrededor del cuál los amigos nos quedábamos a contar historias sobre el amor. Aquel amor, junto al teléfono, que tan solo unos días nos había abandonado para siempre.

Atentamente:
Jimbo “El Tomate” Jones.
Desde la Finiquera, en la Nazizona, en el corazón de Aztlán.

P.D.1. ¿Y la literatura, otra vez, cuando?
P.D.2. La literatura es un mar que, como lenguaje, en sí misma se desborda.

Periódico Por Esto! 3 de mayo de 2013.