Cuando las montañas Organ quedan rojas por el sol de la tarde salgo de Breland Hall y camino hacia Corbett, sigo hacia Monague Hall, Garret, llegando al semáforo para esperar y cruzar la calle y doblar a la derecha hacia la gasolinera. Veo atrás la calle Locust, a la gente saliendo del trabajo, o los hindús caminando hacia Campus Suites, mientras calles como Jordan, Solano, Hagerty o El Paseo alargan tanto mi mirada hasta Knox Hall, desapareciendo mi pensamiento en el cansancio del día, en el ocaso de tantas prisas. Las montañas en el fondo traen un frío agradable que entume la cara haciéndome disfrutar del camino mirando a quienes se me adelantan en sus bicicletas: cambia el semáforo y cruzo la calle. Pasan los ciclistas, los skates, los peatones, la gente hundida dentro de sus abrigos negros, y el Campus empieza a descansar cuando las luces amarillas se asientan en el asfalto del estacionamiento. En
sábado, mayo 09, 2009
La despedida
sábado, abril 25, 2009
sábado, marzo 07, 2009
La lluvia
"En la calle, la lluvia cae conforme a las eternas reglas del sistema antiguo: de arriba para abajo.”
Manuel Gutiérrez Nájera.
martes, febrero 17, 2009
La muerte del artista como acto poético
Tomás Ramos
El escritor envía al fuego sus apegos puesto que sabe que crear verdaderamente también significa una comunión anticipada con sus propios límites, es decir, con la muerte. Esta no debe asumirse como un proceso suicida o de autodestrucción, sino como un proceso reintegrador que inicia con la destrucción del Ego. La obra literaria se transforma en un organismo autónomo que no tiene que soportar el peso biografista del autor para hacerse válida.
Sumar el protagonismo de la vida del escritor a la obra es reducirla, es limitar la realización estética que consuma la integración definitiva entre el lector y la obra literaria. Los juicios biografistas, cuando el escritor tiene un currículum intergaláctico, no significan nada mientras su obra literaria no contenga los elementos comunicantes que transmitan un mensaje estético entendible para todo público; o en dado caso, para un público académico.
Lo que un presumido escritor pueda decir, cuando posa en fotografías con sendos diplomas abultando el pecho doblemente inflado (tanto que no cabe en el tórax), cuando es premiado por excelsas figuras de la aristocracia, significa poco. El juicio se hará con el paso del tiempo y las generaciones por venir, sobre la calidad de un trabajo que pueda sostenerse gozando de la consonancia de las relaciones estéticas entre las redes tejidas para conformar la arquitectura del texto.
Lo que un escritor quiera decir sobre su obra será para vanagloriarse en vida, muchas veces con la intención de obtener prebendas de la clase gobernante con lisonjas, cubiertas en chapa de oro sin otro fin más que el ascenso burgués.
Las personas que venden su padecimiento literario, y quieren hacer de la literatura un modo rentable para una vida “acomodada”, lo hacen prestando sus servicios como esbirros pluripartidistas en las diferentes puertas políticas, una da igual que otra. A la hora de ponerse a prueba, a la hora de la lealtad, terminan poniéndose al servicio de la “corona de sangre azul”. Así “sacian” su “angustia” mientras viven en la tierra.
Quien realmente está comprometido con su obra no la utiliza para ponerse en la sobremesa de los burgueses. Quien realmente tiene un compromiso con su obra también lo tiene con su sociedad. Un escritor sin una conciencia social es un poeta que no trasciende.
La poesía modernista es el mejor ejemplo de toda una generación de poetas latinoamericanos, como Manuel Gutiérrez Nájera y Rubén Darío entre otros, que respondieron contra el materialismo propuesto por el positivismo y la industrialización. Ellos sintieron la necesidad de anteponer el espíritu a la admiración de los valores mercantiles, el consumismo y la imitación de lo extranjero, que eran valores ajenos a la América Latina integradora, como lo hicieron los falsos eruditos acusados oportunamente por José Martí.
El poeta debe ser como Prometeo, tomando el fuego celeste para ponerlo en manos de todos los hombres, no al servicio de unos cuantos. Y con estoicismo, proseguir en la tarea creativa que nos identifique. Hay que poner todas nuestras armas en defensa y en servicio de la belleza, de la transformación social de los diálogos entre individuo y sociedad.
La belleza debe usarse para transgredir estas formas de individuos déspotas, privados del fuego prometeico por haberse puesto al servicio de los viles, prostituyendo el oficio de escribir y quedando al servicio de las ultraderechas carentes de sentido social y consciencia política. La belleza debe estar al servicio de la sensibilización de la sociedad. La aniquilación del Ego es la trascendencia de una obra de arte puesta al servicio de su tiempo histórico, económico y espiritual.
Esta muerte en sí es el verdadero acto poético. Cuando hacemos literatura escribimos nuestra biografía, hacemos la historia colectiva de un pueblo. Desde esa visión hacemos participar a los demás. Nuestra individualidad se traduce a una colectividad. Esto requiere de una responsabilidad y ética más allá de nuestro tiempo. Han existido héroes que han narrado la decadencia de la humanidad, pero siempre desde un ánimo revitalizador como lo hicieron los poetas malditos en Francia.
Un discurso literario hecho sin la sensibilidad de su momento social está destinado a la desaparición, pues el falso erudito no entiende que de nada vale hablar de sí. El “yo he hecho esto”, el “yo hice lo otro”, quedan para el Partenón romántico de poetas insufribles, cursis y ridículos en su afán de protagonismo en eventos públicos. El poeta verdadero sabe hablar callando en el anonimato de su poesía.
16 de Febrero de 2009. Diario Por Esto!
domingo, febrero 08, 2009
Rubén Bonifaz Nuño
15
No me ilusiono, admito, es de mi gusto,
que soy un hombre igual a todos.
Trabajo en algo, cobro
mi sueldo insuficiente; me divierto
cuando puedo, o me aburro hasta morirme;
hablo, me callo a veces, pido
mi comida, y a ratos
quisiera ser feliz gloriosamente,
y hago el amor, o voy y vengo
sin nadie que me siga. Tengo un perro
y algunas cosas mías.
En general, no estoy conforme
ni me resigno. Quiero mi derecho,
de hombre común, a deshacerme
la frente contra el muro, a golpearme,
en plena lucidez, contra los ojos
cerrados de las puertas; o de plano
y porque sí, a treparme en una silla,
en cualquier calle, a lo mariachi,
y cantar las cosas que me placen.
También, monumental, hago mi juego
en serio con las gentes,
según las reglas, y reclamo
mis ganancias y pérdidas, y busco
la revancha, o perdono
por generoso o por flojera.
Manos de hombre tengo; manos
para tomar, de las cosas que existen,
lo que por hombre se me debe,
y, por lo que yo debo, hacer algunas
de las cosas que faltan.
Y reconozco que me importa
ser pobre, y que me humilla,
y que lo disimulo por orgullo.
Tú, compañero, cómplice que llevo
dentro de todos, junto a mí, lo sabes.
Hermano de trabajos que caminas
en hombres y mujeres, apretado
como la carne contra el hueso,
y vives, sudas y alborotas
en mí y conmigo y para mí y contigo.
sábado, enero 31, 2009
Anapra





Nadie comenta lo que está afuera, todos siguen su plática normal. Seguimos y detrás de mi ventana ahora es México, veo una de las arterias pobres de Ciudad Juárez. La miseria inunda mi vista como si el cielo no mostrara otra faceta. La montaña se hace evidente, la montaña dice: “La Biblia es la verdad. Léela”. En tan sólo unos segundos he llegado a otro mundo, que sigue siendo Estados Unidos. De un lado de mi ventana es México. Se me estrella en la cara lo que con los días olvido. Del otro lado es Estados Unidos, el freeway se extiende.

¿Qué lado mira mi rostro? ¿Qué lado está mirando mi rostro?

Por la ventana veo una mujer hablando por celular en automóvil, más allá hay una especie de camino de grava levantándose junto al río. Veo tres camionetas de Border Patrol precipitarse a toda velocidad sobre una familia que apenas cruza la calle para tomar el autobús donde segundos antes el hombre caminaba.
Siento miedo, no pertenezco a este medio. La situación de estas familias es tal que parecen culpables de invadir esta realidad a la que no quieren pertenecer. Les ha tocado que la frontera México-Estados Unidos sea su patio trasero. Les ha tocado vivir junto con esa vida que sólo pasa en la carretera. La necesidad de tener un lugar para vivir o una mejor forma de vida los trajo en algún momento, aunque muchas familias ya estaban. Las camionetas de Border Patrol son camionetas inconfundibles pues las cabinas traseras hacen que parezcan patrullas militares, de color blanco con franjas verdes que son inconfundibles. Es una combinación de colores que no pasa desapercibida para la gente que camina por estos circuitos.
Horas después. Mi regreso a Nuevo México vuelve a sumergirme en la tranquilidad de una villa lejana a la urbe, a la gran masa de asfalto. Arena y polvo se integran a la civilización de Ciudad Juárez y El Paso, son dos civilizaciones y son una. Son dos ciudades en una sola convivencia, apenas dividida por aquellos violentos frentes que llamamos frontera.

lunes, enero 26, 2009
Suicidio y literatura
domingo, enero 04, 2009
El fomento a la lectura en Yucatán: el otro compromiso
Enero 3 de 2008, Diario Por Esto!
lunes, diciembre 22, 2008
La manipulación literaria
Las diversas literaturas nos hablan de los gustos contenidos en la sociedad. El oficio de escribir normalmente está regulado por seres sedientos de autoridad que desean utilizar este medio como un sistema de control que los posicione como “especialistas” del arte. La imposición de la literatura culta, conservadora y costumbrista, solo devela los intereses perversos a la orden del día.

