sábado, mayo 09, 2009

La despedida

Cuando las montañas Organ quedan rojas por el sol de la tarde salgo de Breland Hall y camino hacia Corbett, sigo hacia Monague Hall, Garret, llegando al semáforo para esperar y cruzar la calle y doblar a la derecha hacia la gasolinera. Veo atrás la calle Locust, a la gente saliendo del trabajo, o los hindús caminando hacia Campus Suites, mientras calles como Jordan, Solano, Hagerty o El Paseo alargan tanto mi mirada hasta Knox Hall, desapareciendo mi pensamiento en el cansancio del día, en el ocaso de tantas prisas. Las montañas en el fondo traen un frío agradable que entume la cara haciéndome disfrutar del camino mirando a quienes se me adelantan en sus bicicletas: cambia el semáforo y cruzo la calle. Pasan los ciclistas, los skates, los peatones, la gente hundida dentro de sus abrigos negros, y el Campus empieza a descansar cuando las luces amarillas se asientan en el asfalto del estacionamiento. En University Avenue miro a lo lejos Milton Hall y Speech Building, detrás Health and Sciences y la Memorial Tower. Desaparece el sol en el horizonte del valle de la Mesilla a un costado de las otras montañas. Camino a casa después de un largo día y con hambre, esperando saber que cocinaré para la cena. 

sábado, marzo 07, 2009

La lluvia

"En la calle, la lluvia cae conforme a las eternas reglas del sistema antiguo: de arriba para abajo.”

Manuel Gutiérrez Nájera. 

martes, febrero 17, 2009

La muerte del artista como acto poético

Tomás Ramos

El escritor envía al fuego sus apegos puesto que sabe que crear verdaderamente también significa una comunión anticipada con sus propios límites, es decir, con la muerte. Esta no debe asumirse como un proceso suicida o de autodestrucción, sino como un proceso reintegrador que inicia con la destrucción del Ego. La obra literaria se transforma en un organismo autónomo que no tiene que soportar el peso biografista del autor para hacerse válida.

Sumar el protagonismo de la vida del escritor a la obra es reducirla, es limitar la realización estética que consuma la integración definitiva entre el lector y la obra literaria. Los juicios biografistas, cuando el escritor tiene un currículum intergaláctico, no significan nada mientras su obra literaria no contenga los elementos comunicantes que transmitan un mensaje estético entendible para todo público; o en dado caso, para un público académico.

Lo que un presumido escritor pueda decir, cuando posa en fotografías con sendos diplomas abultando el pecho doblemente inflado (tanto que no cabe en el tórax), cuando es premiado por excelsas figuras de la aristocracia, significa poco. El juicio se hará con el paso del tiempo y las generaciones por venir, sobre la calidad de un trabajo que pueda sostenerse gozando de la consonancia de las relaciones estéticas entre las redes tejidas para conformar la arquitectura del texto.

Lo que un escritor quiera decir sobre su obra será para vanagloriarse en vida, muchas veces con la intención de obtener prebendas de la clase gobernante con lisonjas, cubiertas en chapa de oro sin otro fin más que el ascenso burgués.

Las personas que venden su padecimiento literario, y quieren hacer de la literatura un modo rentable para una vida “acomodada”, lo hacen prestando sus servicios como esbirros pluripartidistas en las diferentes puertas políticas, una da igual que otra. A la hora de ponerse a prueba, a la hora de la lealtad, terminan poniéndose al servicio de la “corona de sangre azul”. Así “sacian” su “angustia” mientras viven en la tierra.

Quien realmente está comprometido con su obra no la utiliza para ponerse en la  sobremesa de los burgueses. Quien realmente tiene un compromiso con su obra también lo tiene con su sociedad. Un escritor sin una conciencia social es un poeta que no trasciende.

La poesía modernista es el mejor ejemplo de toda una generación de poetas latinoamericanos, como Manuel Gutiérrez Nájera y Rubén Darío entre otros, que respondieron contra el materialismo propuesto por el positivismo y la industrialización. Ellos sintieron la necesidad de anteponer el espíritu a la admiración de los valores mercantiles, el consumismo y la imitación de lo extranjero, que eran valores ajenos a la América Latina integradora, como lo hicieron los falsos eruditos acusados oportunamente por José Martí.

El poeta debe ser como Prometeo, tomando el fuego celeste para ponerlo en manos de todos los hombres, no al servicio de unos cuantos. Y con estoicismo, proseguir en la tarea creativa que nos identifique. Hay que poner todas nuestras armas en defensa y en servicio de la belleza, de la transformación social de los diálogos entre individuo y sociedad.

La belleza debe usarse para transgredir estas formas de individuos déspotas, privados del fuego prometeico por haberse puesto al servicio de los viles, prostituyendo el oficio de escribir y quedando al servicio de las ultraderechas carentes de sentido social y consciencia política. La belleza debe estar al servicio de la sensibilización de la sociedad. La aniquilación del Ego es la trascendencia de una obra de arte puesta al servicio de su tiempo histórico, económico y espiritual.

Esta muerte en sí es el verdadero acto poético. Cuando hacemos literatura escribimos nuestra biografía, hacemos la historia colectiva de un pueblo. Desde esa visión hacemos participar a los demás. Nuestra individualidad se traduce a una colectividad. Esto requiere de una responsabilidad y ética más allá de nuestro tiempo. Han existido héroes que han narrado la decadencia de la humanidad, pero siempre desde un ánimo revitalizador como lo hicieron los poetas malditos en Francia.

Un discurso literario hecho sin la sensibilidad de su momento social está destinado a la desaparición, pues el falso erudito no entiende que de nada vale hablar de sí. El “yo he hecho esto”, el “yo hice lo otro”, quedan para el Partenón romántico de poetas insufribles, cursis y ridículos en su afán de protagonismo en eventos públicos. El poeta verdadero sabe hablar callando en el anonimato de su poesía.

16 de Febrero de 2009. Diario Por Esto!

domingo, febrero 08, 2009

Rubén Bonifaz Nuño

15

No me ilusiono, admito, es de mi gusto,

que soy un hombre igual a todos.

Trabajo en algo, cobro

mi sueldo insuficiente; me divierto

cuando puedo, o me aburro hasta morirme;

hablo, me callo a veces, pido

mi comida, y a ratos

quisiera ser feliz gloriosamente,

y hago el amor, o voy y vengo

sin nadie que me siga. Tengo un perro

y algunas cosas mías.

 

En general, no estoy conforme

ni me resigno. Quiero mi derecho,

de hombre común, a deshacerme

la frente contra el muro, a golpearme,

en plena lucidez, contra los ojos

cerrados de las puertas; o de plano

y porque sí, a treparme en una silla,

en cualquier calle, a lo mariachi,

y cantar las cosas que me placen.


También, monumental, hago mi juego

en serio con las gentes,

según las reglas, y reclamo

mis ganancias y pérdidas, y busco

la revancha, o perdono

por generoso o por flojera.

 

Manos de hombre tengo; manos

para tomar, de las cosas que existen,

lo que por hombre se me debe,

y, por lo que yo debo, hacer algunas

de las cosas que faltan.

 

Y reconozco que me importa

ser pobre, y que me humilla,

y que lo disimulo por orgullo.

 

Tú, compañero, cómplice que llevo

dentro de todos, junto a mí, lo sabes.

Hermano de trabajos que caminas

en hombres y mujeres, apretado

como la carne contra el hueso,

y vives, sudas y alborotas

en mí y conmigo y para mí y contigo.


De Fuego de pobres, 1961

sábado, enero 31, 2009

Anapra












Mientras llegamos a El Paso Texas por la ruta Paisano, en la línea de autobuses Limousine por el Puente Negro, pasamos debajo de los puentes con rieles que siguen cargando muchos vagones de trenes aun con piedra por terminar de trabajar; el autobús entra velozmente por la carretera donde por un lado veo casas consumidas en la más completa miseria. Por la otra ventana, veo el andamiaje de enormes y extensas fábricas con diversos niveles de excavación de minas, más arriba emerge una señal con el nombre de UTEP en la parte más alta. El autobús avanza con prisa de perseguido. Las casas en la miseria revelan familias tranquilas en la cotidianeidad del día detrás del alambre de púas, las casas emergen de los cerros, de las calles llenas de pintas de colores, de negocios cerrados, de gente caminando en calles de terrecería, sin asfalto, donde la figura de un hombre viejo con sombrero camina hacia tomar un camión en la más perfecta imagen costumbrista de una zona rural mexicana. De este lado de la carretera el ritmo es veloz y los comercios dicen “SE RENTA BODEGA, CALL THIS NUMBER 910-…”. Sigue mi autobús como huyendo de él mismo, como huyendo de la velocidad. Transitamos a lo largo del muro.

 


Nadie comenta lo que está afuera, todos siguen su plática normal. Seguimos y detrás de mi ventana ahora es México, veo una de las arterias pobres de Ciudad Juárez. La miseria inunda mi vista como si el cielo no mostrara otra faceta. La montaña se hace evidente, la montaña dice: “La Biblia es la verdad. Léela”. En tan sólo unos segundos he llegado a otro mundo, que sigue siendo Estados Unidos. De un lado de mi ventana es México. Se me estrella en la cara lo que con los días olvido. Del otro lado es Estados Unidos, el freeway se extiende



¿Qué lado mira mi rostro? ¿Qué lado está mirando mi rostro?

 


Por la ventana veo una mujer hablando por celular en automóvil, más allá hay una especie de camino de grava levantándose junto al río. Veo tres camionetas de Border Patrol precipitarse a toda velocidad sobre una familia que apenas cruza la calle para tomar el autobús donde segundos antes el hombre caminaba. 

Siento miedo, no pertenezco a este medio. La situación de estas familias es tal que parecen culpables de invadir esta realidad a la que no quieren pertenecer. Les ha tocado que la frontera México-Estados Unidos sea su patio trasero. Les ha tocado vivir junto con esa vida que sólo pasa en la carretera. La necesidad de tener un lugar para vivir o una mejor forma de vida los trajo en algún momento, aunque muchas familias ya estaban. Las camionetas de Border Patrol son camionetas inconfundibles pues las cabinas traseras hacen que parezcan patrullas militares, de color blanco con franjas verdes que son inconfundibles. Es una combinación de colores que no pasa desapercibida para la gente que camina por estos circuitos.

Horas después. Mi regreso a Nuevo México vuelve a sumergirme en la tranquilidad de una villa lejana a la urbe, a la gran masa de asfalto. Arena y polvo se integran a la civilización de Ciudad Juárez y El Paso, son dos civilizaciones y son una. Son dos ciudades en una sola convivencia, apenas dividida por aquellos violentos frentes que llamamos frontera. 


lunes, enero 26, 2009

Suicidio y literatura

Tomás Ramos

El suicidio cobra una gran cantidad de vidas todos los días. Las pérdidas humanas registradas en suicidios en Yucatán son equivalentes a las registradas en una guerra sucia; pero ahora el modelo socioeconómico es quien se encarga de desaparecer familiares y amigos. La gente de Yucatán necesita ser concientizada de este problema. El suicidio no es un caso de locura, sino que es producto de la marginación y la moral social.

La literatura podría ser considerada una de las formas en que puedan canalizarse aspectos emocionales. Se tendrían que desarrollar estrategias de la mano de especialistas en el tema del suicidio para poder tratar de manera objetiva el problema, desarrollando talleres dentro de los cuales puedan establecerse temas convenientes a personas que sufran de depresión. Leer una obra literaria es también hacer un diagnóstico de sí mismo ya que el análisis de nuestro entorno deviene de la reflexión surgida del acto de leer.

La depresión y sus embates son síntomas previos a cuadros suicidas. Al detectar la depresión se debe acudir a un especialista a quien podamos explicarle lo que sentimos inmediatamente. El Gobierno del Estado debería invertir más en el desarrollo de estas estrategias de salud mental, acercándose a la comunidad llegando hasta las zonas más apartadas. 

Teniendo en cuenta la represión emocional que se vive en nuestra sociedad, es muy difícil abrirse con los demás hablando de uno mismo, pues el mostrar nuestras emociones es tomado como símbolo de debilidad. Establecer un diálogo con nuestros amigos y familia es difícil, por eso son necesarias actividades como la lectura que es una importante herramienta de reflexión. 

¿Qué nos cuesta promover salas de lectura donde se procure reflexionar sobre obras literarias acerca de situaciones sociales que se identifiquen con las problemáticas de nuestro estado? La desintegración familiar, el alcoholismo, la drogadicción, las enfermedades terminales como el cáncer o SIDA, son situaciones comunes entre la población de Yucatán.

Entre las obras literarias que han reflexionado sobre enfermedades y padecimientos sociales en nuestra península, se encuentra la novela Un año en el hospital de San Lázaro del yucateco Justo Sierra O’Reilly, que nos habla de los enfermos de lepra en el siglo XIX y el hospital donde eran recluidos en Campeche. Es importante resaltar desde la sociología literaria estos señalamientos hechos por los autores. Me pregunto: ¿qué literatura estamos escribiendo en Yucatán que se detenga en el suicidio como padecimiento en nuestro estado en la actualidad? ¿Hemos reflexionado sobre lo que significa rescatar el testimonio de un enfermo terminal de SIDA?

La literatura quizás sea una forma de evadir las distancias personales. El suicidio, como proceso multifactorial, es un sendero complicado. Tener nuestras relaciones rotas con nuestro entorno afecta gravemente el estado de ánimo, hasta ponernos en la antesala de la muerte con la aparición de las fantasías suicidas. Esto es apresurar la autodestrucción a diferencia de quien no es excluido por el modelo socioeconómico injusto en que vivimos. ¿Cómo podemos incluir a esos sectores de la población yucateca para la reflexión que han sido marginados por culpa de la doble moral, la hipocresía y la deshonestidad?

Cuando uno no es partícipe del paraíso de las buenas costumbres, volcarse dentro de sí por medio de la escritura es también una profunda forma de amarse. La falta de amor que padecemos por nacer con la “culpa” del pecado tiene que restaurarse frente a esta afrenta religiosa; nacemos incompletos y merecemos ser castigados por no ser “puros” en el origen. El estar marginados de las extensas páginas de eventos sociales puede transformarse en la posibilidad de vivir creativamente rebelándonos de estas imposiciones hipócritas.

Cuando esta capacidad de crear se ha desarrollado nadie es capaz de destruirnos y hacernos desaparecer. Los más altos valores han sido tratados por los poetas desde sus más oscuros terrores. Las vivencias pésimas son las que nos restituyen y nos dan la lucidez para crear discursos dotados de inteligencia estética. Puesto que ninguna amenaza es capaz de imponerse y aniquilarnos, debemos lacerar ese orden impuesto por las presencias divinas en la tierra.

Sábado 24 de enero, 2009. Diario Por Esto!


domingo, enero 04, 2009

El fomento a la lectura en Yucatán: el otro compromiso

Tomás Ramos Rodríguez *

Leer es el acto, por medio del cual los ciudadanos de un país pueden llegar a entenderse mejor unos con otros. Tomando en cuenta el desamparo en que nos encontramos con el trabajo cotidiano que desempeñamos en nuestras vidas diarias, el hecho de tomar un libro para abrirlo y explorar sus páginas, es de por sí un logro muy grande. Por esto cuando hablamos del fomento a la lectura en Yucatán, nos referimos a un compromiso hacia adelante, para hacerle un bien a las generaciones que vienen después de nosotros y nuestro deber es comprometernos con ellos. 

Cuando somos jóvenes y queremos salir adelante, hacemos un sacrificio enorme. Mi familia lo hizo también para que yo estudiara; de alguna forma, leer esos libros en mi infancia y adolescencia me inspiraron para construir un camino, y ser hoy un profesor de Lengua Española y Letras. Los libros dejan de ser una distracción solamente, y se convierten en una forma de vida para quien los ama. Por los libros conocí la historia del pueblo yucateco, y en un momento dado, quise también escribir sobre la historia de este pueblo. Este pueblo nuestro que es Yucatán. 

Mi deseo siempre fue agregar unas letras, quizá no tan brillantes, como las escritas por las plumas de grandes escritores como Justo Sierra O'Reilly, Eligio Ancona, Ermilo Abreu Gómez, Antonio Mediz Bolio, Eduardo Urzaiz Rodríguez; y actualmente Joaquín Bestard Vázquez, que aunque muchas veces parece tan olvidado y confinado en el abandono, es autor de una obra que sigue creciendo sin detenerse. Leer los libros de estos escritores y las historias que cuentan en ellos ha hecho que vayamos entendiendo quiénes somos como sociedad yucateca, cuando por momentos nos perdimos en la espiral de la memoria que nos hizo relegar nuestros orígenes. Gracias a la lectura podemos recordar lo que fuimos en el pasado para defender una vida digna en este presente. 

El fomento de la lectura, con medios y recursos capaces de difusión cultural en las aulas de las escuelas de Yucatán, es una tarea importante. La lectura de yucatecos ilustres en las escuelas, es necesaria para la revisión de nuestra identidad en un contexto nacional e internacional. Recordemos, por ejemplo, a Ermilo Abreu Gómez, quien en Canek narró desde su particular criterio social y humano, un mundo yucateco único y sin igual. Abreu Gómez nos entregó una prosa dentro de lo real-maravilloso, como de la que habló en El Reino de este Mundo el escritor cubano Alejo Carpentier al inmortalizar la exploración de la realidad en nuestro continente, mirándolo detalladamente y narrándolo, elevándolo sin complejos dentro del concierto de culturas. En las obras de estos yucatecos que conforman la historia de Nuestro Yucatán, se encuentra siempre el deseo de revalorar nuestra identidad y cultura, donde suenan los ecos de nuestro universo latinoamericano, así como expresó a finales del siglo XIX, el prócer José Martí en su renombrado ensayo "Nuestra América". 

En este margen, también falta reflexionar en el actual siglo XXI acerca del apoyo tan necesario para los escritores yucatecos en lengua maya. Estos escritores nos están contando su historia, su visión del mundo, que antes era solamente contada por extranjeros que, viniendo de paseo, escribían libros en los cuales creían entender tan majestuosa cultura y el dolor ajeno. Por esto la claridad del poeta cubano Roberto Fernández Retamar encuentra eco en los escritores en lengua maya de Yucatán que, hace un tiempo, hicieron suyo el consejo de Calibán. Entendieron el lenguaje del amo, se lo apropiaron, lo dominaron y lo han hecho parte de su lengua originaria. Su acto de rebeldía ha sido y es poder expresarse y escribir en su lengua original, para que de esta manera perdure la identidad e historia de nuestro pueblo yucateco. Deberíamos estar agradecidos con ellos, y con la labor que actualmente desempeñan. Un fomento a la distribución de sus obras literarias sería un reconocimiento justo a quienes han luchado frente a la destrucción de su cultura desde la Conquista, pasando por la Colonia hasta la Independencia Mexicana, llegando hasta los proyectos macroeconómicos de hoy. El intento de exterminio de su lengua y su cultura en la globalización ha sido de esperarse, pero está condenado al fracaso. 

La lectura ayuda a desaparecer las fronteras que nos separan. Leer nos transporta a mundos desconocidos. Como he dicho anteriormente, leer es ofrecerse libremente a un mar desconocido y salvaje que conlleva en sí mismo un profundo acto de libertad. Fomentar la lectura en Yucatán, con programas culturales adecuados, nos ofrece condiciones de mejoramiento de nuestra calidad de vida, pues un pueblo educado y consciente de sus raíces es un pueblo que podrá alcanzar mejores relaciones con sus semejantes y una mejor organización también ante la catástrofe cuando se nos presente. 
Fomentar la lectura con nuestros alumnos, con nuestros amigos y semejantes nos hace ser más unidos como pueblo; nos hace entender quiénes somos ante la historia, encontrando el espacio de nuestro Yucatán, entendiendo a dónde pertenece nuestra península yucateca, ayudando a hacer nuestra tarea dentro del gigante cultural que es la tan querida nuestra América, para continuar la visión integracionista del sabio maestro y prócer José Martí. 

*Discurso leído, en nombre de la Red Literaria del Sureste, durante el desayuno del Día del Escritor, el 20 de diciembre de 2008.


Enero 3 de 2008, Diario Por Esto! 


lunes, diciembre 22, 2008

La manipulación literaria

Escribir Profundamente
 
Por Tomás Ramos Rodríguez

La ofensa más terrible de los mediocres en la literatura es decir que una persona “tal o cual” no tiene su perfil de escritor. Que este “tal o cual” con una sensibilidad en potencial desarrollo no le “convence”; no autorizan el camino artístico elegido por el principiante negándole su carácter de futuro interpretador social. Las personas libres de estos condicionamientos viven fuera del miedo a reflexionar en sus errores observando su interior, haciendo un trabajo de la más alta calidad manifestándose con un grácil acto creativo.

Escribir es un intenso ejercicio de reflexión para estar más cerca de nuestro entorno, acercándonos a nuestra sociedad. Quien escribe desde los océanos inagotables de su interior libre de condicionamientos estéticos, lo hace como un acto revolucionario de sacudimiento de sus arquetipos más profundos produciendo un cisma en los fundamentos de lo mediocre.

Quien verdaderamente crea estéticamente lo hace también hablando de los padecimientos sociales que le consternan. Cuando creamos escritura acerca de nuestro pueblo forjamos estructuras hablando de quien más sufre y también de quien más goza. Los semejantes que conviven con el artista también viven su mismo tiempo histórico; es por eso que tienen sentimientos similares. La escritura estética nos sirve para acercarnos a nuestro prójimo, no para alejarnos de él. Este acercamiento produce una comunicación que fractura los dispositivos de la ignorancia donde establecemos un diálogo con los orígenes de los mecanismos de quienes manipulan el poder.

Reflexionar sobre este proceso es un acto de verdadera libertad. La lectura es un acto de sensibilización que nos hace reconstruir nuestra conciencia para emprender un viaje hacia el entendimiento de nosotros mismos.


Las diversas literaturas nos hablan de los gustos contenidos en la sociedad. El oficio de escribir normalmente está regulado por seres sedientos de autoridad que desean utilizar este medio como un sistema de control que los posicione como “especialistas” del arte. La imposición de la literatura culta, conservadora y costumbrista, solo devela los intereses perversos a la orden del día.

La necesidad de reconocimiento pesa mucho hoy en quienes quieren obtener un puesto político frente a quienes están en el poder. La lambisconería en forma de artículos revestidos de “intelectualidad” no pasa de ser una verborrea indignante, porque se escribe “crítica” políticamente correcta para quedar bien con el poder. La educación y el arte son de esta manera manipuladas por “intelectuales” que abogan por el silencio de las voces literarias jóvenes escribiendo desde su conveniencia personal y no con un compromiso al fomento de una educación digna; siendo este un espectro más de los intereses oscuros de la perversidad.

La literatura es el habla de un pueblo trascendida a una forma estética que expresa los modos del ser de sociedades enteras comunicándose unas con otras. Nuestra sociedad está compuesta por infinitos sistemas discursivos.

Los círculos artísticos que se autonombran como expertos, evidenciando una gran necesidad de reconocimiento, son un fraude. En esa búsqueda de autoridad pretenden legalizarse abusando de los jóvenes, posicionándose como voceros únicos del “conocimiento” artístico, con mecanismos de poder caducos que siguen pensando como novedosos evidenciando su retraso y su total ignorancia de la realidad, además de una visión ensimismada y desconectada de su entorno social.

El ignorante no puede darse cuenta de esto a pesar de su “exquisita” educación y “refinado” conocimiento. Ante el público se hace al desentendido y en la intimidad sufre cuando su imagen no se refleja en los espejos. Esta ausencia de diálogo con él mismo solamente evidencia su extravío en el abismo de su circunstancia, siendo expulsado para siempre de las mentes creativas que lo han dejado atrás girando en la espiral de su aislamiento, su soberbia y su “cordura”. 

Diciembre 20, 2008. Diario Por Esto!


sábado, noviembre 29, 2008

Incendiarse


Escribir Profundamente

Tomás Ramos

Los escritores olvidan el secreto de musicalizar, de parafrasear esas esencias que se encuentran dentro de nosotros y que posponemos por tanta preocupación diaria. Esta enajenación es culpable de obstruir los espacios interiores que deben sensibilizarse al punto de poder escuchar ese leve susurro, la pequeña voz que desde adentro nos dice que somos únicos e impredecibles. La observación de nuestra soledad y entenderla como un proceso que nos acerca a la gente, es una artística manera de comprender nuestra cotidianeidad para reencontrarnos con la belleza; como explicó anteriormente Rodrigo E. Ordóñez Sosa en su artículo en la sección cultural de POR ESTO!

La observación inicia el fuego de un incendio interior que me recuerda en Ciudad Juárez mis días en Mérida, segundos de esa fina arena nuestra filtrándose por la evocación de estar contigo. En nuestros recuerdos se revelan las imágenes de una vida que añoramos, que tuvimos o hubiéramos querido tener cuando se la conversamos a alguien que no conocemos. Cuando hablamos de esta vida que no fue, borramos los momentos dolorosos; al verbalizar omitimos los hechos verdaderos. Mentimos, imaginamos, inventamos: creamos lenguaje dotándolo de vida autónoma.

Regresar al pasado nos da sentido en el presente. La memoria vive un solo tiempo que es presente, pasado y futuro. Tal como entendiera Reinaldo Arenas en la lectura que le hizo a Octavio Paz y después citó en la novela Otra vez, el mar, “La memoria es un presente que nunca termina de pasar”.

Mi secreta esencia me dice que quizá amarte sea la condición profunda en que el secreto toca nuestras manos, para decir que en la vida todo se puede, pues al caminar por las calles de Ciudad Juárez y al sujetarme de tu mano, con tu aliento cálido en el frío desolador de la violencia, somos esa silueta nocturna que al abrazarse para protegerse es observada por otra pareja en otra ventana frente a nuestro edificio. Que no hay palabras que se quedaron sueltas, ni tampoco minutos desperdiciados. Encontrarnos es tan sólo este secreto; el abrazo o el beso que marcarán la próxima ocasión de otro instante como este, nuestro, de nadie más, tuyo, mío, tuyo y mío, aunque por esencia nos pertenezcamos.

Podemos ver como se insiste en los mismos temas y símbolos desde que el hombre escribe. La muerte, el amor y la soledad. ¿Cuántas veces no vuelven como temas literarios? En la literatura hay que saber narrar la tensión de un hombre con su destino. Recordemos el conflicto entre dioses y mortales en La Ilíada, cuando Aquiles llora la muerte de Patroclo por culpa de la intervención divina del despreciable Apolo para despojarlo de sus armas en el intento del Crónida Zeus de darle la victoria a los Troyanos y su protegido predilecto, el domador de caballos Héctor. Quien termina siendo un despojo humano arrastrado por la carroza de Aquiles, el guerrero aqueo de los pies más veloces.

La literatura busca en su interpretación estética dialogar en esa tensión del hombre con la trascendencia, y consigue la redención del individuo así como la redención de todo un pueblo. Esto hace sentir a quien escribe, quien encarna la voz de una mayoría y un tiempo histórico, con un lugar en el mundo además de un compromiso con su sociedad para estar menos solo en su conflicto y su quijotesca “locura”. Y así finalmente aspiremos, y quizá también podamos, ganarles no la guerra pero sí arrancarle alguna batalla a los demonios y a los dioses.

Noviembre 29, 2008. Diario Por Esto!

miércoles, noviembre 12, 2008

El acto de la lectura

Escribir profundamente

Por Tomás Ramos Rodríguez

La literatura cumple la finalidad de tocarnos profundamente para transformarnos. El poema que no logra “tocar” nuestro interior no cumple la capacidad de comunicar un mensaje. Es decir, no cumple con la tarea de hacernos evocar una vida que no poseemos -y desde luego añoramos- porque no la hemos poseído. Los delirios y terrores, acosos y persecuciones, se depositan de igual manera en el texto que el autor estéticamente busca plasmar para abrirnos un camino –universo- de posibilidades, sin que éstas tengan que cumplirse, a quien lee, el lector, que es el eterno ser en la perpetua necesidad y búsqueda de sí mismo por medio de la interpretación que ha hecho otra persona de la realidad, el autor, quien es el que configura un mundo de ficción para restituir lo que siente que hace falta –y no existe- en la realidad. La literatura es una excelente arma para abatir la depresión, pues restituye los mundos y necesidades humanas que una persona deprimida dice experimentar.

Leer nos transporta por ejemplo, a un mundo que no conocemos, que no hemos odiado pero que podemos llegar a odiar a través de la construcción de un discurso de verosimilitud por un autor. Leer es ofrecerse libremente a un mar desconocido y salvaje, que conlleva en sí mismo el acto de libertad. El autor promete ser el canoero, el Caronte que nos transporta hacia el Hades, buscando un ritmo y la verosimilitud que desarticule con el lenguaje estético nuestra realidad para entregarnos a una más intensa, -por lo tanto más humana en este mundo mecánico e intrascendente del capitalismo- donde se nos enseña desde la temprana etapa del crecimiento a disimular y controlar “nuestras emociones”-.

Un mundo menos detestable nace, y el lector puede encontrar una tregua a las frustraciones que la vida cotidiana lleva consigo. Entregarnos a la lectura de un buen libro de literatura puede ser el vehículo que nos lleve en un radical acto de libertad para sacudir las estructuras de nuestra mediocridad a las que la sociedad de consumo nos educa desde el momento de crecer.

Poder aislarme de las demás personas, con una buena novela, digamos La insoportable levedad del ser de Milán Kundera, con un café a mi lado, una libreta y bolígrafo para apuntar las partes que más me transformen, es un acto de radical libertad tomando en cuenta el conflicto actual del ser humano entre el tener y el ser, en donde cada minuto de mi día y de mi tiempo debe ser enfocado a la producción y sobreproducción con la cosificación de mi persona, con mi mano de obra y mi trabajo intelectual para acumular la mayor cantidad de dinero y bienes materiales posibles, aunque al final del día termine sintiéndome profundamente vacío y en un estado de total depresión.

Mi acción transformadora inicia desde el momento en que puedo aceptar que no es necesario vivir con la sobreproducción material que consume y destruye nuestra actual sociedad, nuestro Estado, nuestro país, nuestro planeta. Recordemos la enorme polémica actual que existe sobre el petróleo para continuar la explotación de un recurso natural no renovable tan sólo para continuar la supervivencia de un sistema de consumo injusto que no hace más que depredar nuestra naturaleza y por lo tanto acelera la destrucción de la humanidad.

Las múltiples reflexiones sobre mi entorno surgen tan sólo entre el tránsito de una lectura hacia otra; seres que piensan, seres que se transforman, seres que se liberan de las cadenas de la destrucción al liberarse de la mediocridad. La lectura nos lleva a la construcción de una mejor sociedad con una más alta y mejor calidad de vida. Nos lleva a la construcción de una realidad tan fascinante donde la libertad de nuestra imaginación nos arrastra en un andar desbocado, profundamente deslumbrante, donde nuestros sentidos se abren a lo que antes pasaba desapercibido ante nuestros ojos siendo un acto transformador más que un acto de evasión donde el alivio dure, mientras siga el entretenimiento fugaz de la televisión y demás distractores de nuestra conciencia. Quizá sea el estado más cercano a la trascendencia que Nietzsche tanto nos insistió en su construcción de Superhombre.

La realización, el verdadero acto revolucionario de la transformación humana, se encuentra al alcance de nuestra mano en cualquier momento, tiempo o lugar, al alcance de nosotros en cualquier instante siempre y cuando tengamos la pertinencia de poder sentirlo, intuirlo, dejarlo salir, escucharlo.

Noviembre 11, 2008. Diario Por Esto!

domingo, noviembre 02, 2008

Rechazo la poesía panfletaria y vacía: Fernández Retamar

 

El escritor cubano Roberto Fernández Retamar durante su visita a la ciudad de México. Foto: Víctor Camacho.

Obama despierta una leve esperanza en Cuba si es coherente con planteamientos de campaña.

Por: Arturo Jiménez.

Con razones históricas de sobra para no albergar muchas esperanzas respecto a los resultados de los procesos electorales estadunidenses, esta ocasión, sin embargo, la posibilidad real de que el triunfador de los comicios de este 4 de noviembre sea el candidato demócrata, Barack Obama, parece despertar un mayor interés en Cuba. Al menos así se infiere de las apreciaciones del poeta habanero Roberto Fernández Retamar (1930), presidente de la Casa de las Américas y quien visita la ciudad de México. Y aunque se considera “amateur en cuestiones políticas” y más bien “un escritor politizado y no un político que escribe”, agrega en entrevista con La Jornada: “Es claro que nuestra esperanza está en que Obama resulte vencedor y que sea coherente con lo que ha planteado durante su campaña, específicamente respecto a Cuba. Ese bloqueo a nuestro país es tan absurdo que tarde o temprano tiene que desaparecer.” El poeta y ensayista se refiere con optimismo al arribo de gobiernos progresistas en la mayoría de los países de América Latina: “Es un nuevo proceso de la unidad latinoamericana. No recuerdo haber vivido nunca un momento tan esperanzador en América Latina como el de ahora.” Al triunfo de la revolución cubana en 1959, el joven Fernández Retamar tenía la opción de dar clases en una universidad estadunidense, pero decidió quedarse en la isla, sobre todo llevado por motivos éticos. “Mi vida hubiera sido distinta sin la revolución”, dice, y agrega: “Yo entendía que el triunfo de la revolución significaba la posibilidad de rehacer el país, y no podía irme en ese momento, debía quedarme, y así lo he hecho durante lo que pronto será medio siglo”. Desde ese fundamento es que comenta sobre la nueva etapa que vive Cuba con el arribo de Raúl Castro como presidente de su país, en sustitución de su hermano Fidel, el líder histórico de la revolución cubana, convaleciente. “El imperialismo había dicho que sin Fidel Castro la revolución cubana se evaporaría, pero no fue así, sino al contrario. Se han tomado medidas de apertura y flexibilización que favorecen cada vez más la vida cotidiana en el país.” El poeta toca además la situación de emergencia que padece la isla luego del paso desastroso, en septiembre, de los huracanes Ike y Gustav, por lo cual, junto con otros intelectuales cubanos, hizo un llamado a intelectuales del mundo para exigir una vez más que se termine el “absurdo” bloqueo económico de Estados Unidos a Cuba. En la charla no queda fuera el tema fundamental de la literatura, de su poesía y de temas como su amistad con Octavio Paz, la cual comenzó a principios de 1960 y se fue diluyendo con esa década. “Fui muy amigo de Octavio, pero después, como se sabe, criticó mucho a la revolución cubana. Yo tuve relaciones epistolares con él hasta finales de los años 60. Después no volví a tener, por desgracia, relación con él. Asumió posiciones muy negativas hacia la revolución cubana y otros movimientos, como la revolución sandinista.” 

Calibán y el imperialismo 
Fernández Retamar, de quien el año pasado Siglo XXI Editores publicó una Antología personal, que reúne poemas y ensayos, se encuentra en México para participar en el Festival de la Palabra Ciudad de México Centro Histórico, que concluye este domingo y por el cual el jueves, en el Palacio de la Autonomía, dio la conferencia magistral Poesía y crítica en José Martí, y el viernes, en el Claustro de Sor Juana, ofreció un recital. –¿Cómo ha cambiado el imperialismo en los pasados 40 años? (casi los mismos que lleva de publicado su famoso ensayo Calibán. Apuntes sobre la cultura de nuestra América, 1971), se le pregunta en el vestíbulo de un hotel de la calle de Palma, en el Centro Histórico. –De las cosas importantes que ocurrieron de esa fecha hasta ahora está la desaparición del llamado campo socialista europeo. En esa época existía la Unión Soviética y se produjo lo que he llamado el desmerengamiento de los países que se decían socialistas en Europa. Con ello terminó, aparentemente, la guerra fría, que dejó al imperialismo estadunidense como la única superpotencia y, paralelamente, se fue desarrollando en el mundo una presencia muy agresiva del neoliberalismo. “Lo más reciente, que es un cambio notable, es la explosión de la burbuja financiera de Estados Unidos y la gran crisis económica que está provocando. Creo que el imperialismo no está ahora más fuerte que entonces, sino más débil. Esto no quiere decir que vaya a desaparecer mañana. En relación con el ensayo Caliban, cuando se escribió expresaba la llamada dicotomía entre el norte y el sur, la cual ha acabado por agravarse. Al desaparecer el campo socialista europeo se enfrentan hoy en día, de manera muy clara, el norte y el sur.” Fernández Retamar se refiere a los procesos de cambio en América Latina. “Se están dando acontecimientos muy trascendentes, como la Venezuela bolivariana, Ecuador con Correa y Bolivia con Evo Morales, quien introduce además el factor indígena, que antes no era protagonista.” De manera que el imperialismo, que parecía “fortísimo” entre 1989 y 1991, con la caída del bloque soviético, ahora no lo parece. Y agrega que, a diferencia de hace casi 50 años, cuando en América Latina sólo México mantenía relaciones con Cuba, ahora hay nexos políticos y comerciales con prácticamente todas las naciones, con excepción de El Salvador. “Esa diferencia es abismal, es un cambio impresionante”. –¿Cómo observa los diferentes proyectos de la izquierda en el poder en los países de América Latina, por ejemplo el de Venezuela, Brasil, Chile o Bolivia? –Hay diferencias, desde luego, pero lo importante no son tanto las diferencias como las similitudes o las metas comunes que se plantean. No son distintas de las metas de, por ejemplo, el Che. Hoy en día, aquella meta famosa que planteó el Che: crear dos, tres, 15 Vietnam, ya no se está haciendo por la vía de las guerrillas, sino por la de las elecciones. Es un fenómeno interesantísimo: esas elecciones, proyectadas para el triunfo de la oligarquía, están siendo el camino por el cual los pueblos están haciendo sus cambios.” –Marx planteaba que las condiciones de cambio se generan dentro de la misma sociedad capitalista. ¿En este caso sería potencializar las posibilidades de la democracia formal? –Claro. Marx hablaba del viejo topo de la historia: nadie sabe por dónde va a salir. Hace 15 años no se podía prever una América Latina como la que estamos viviendo ahora. El viejo topo de la historia de Marx estuvo trabajando. Y a propósito de Marx, leí un cable que informa que se están vendiendo cuantiosamente sus libros de nuevo. Parece que Marx, quien nunca estuvo ausente, regresa con mucha fuerza, precisamente a raíz de esta crisis económica del capitalismo. 

Facilitar la vida cotidiana 
–¿Hacia dónde va Cuba en esta nueva etapa, con Raúl Castro al frente? –Creo que Cuba va a una profundización de sus procesos revolucionarios, que significará tomar determinadas medidas, como las que ya se han tomado, para facilitar, pudiéramos decir, la vida cotidiana en el país. –Hay razones históricas para que en Cuba no se generen muchas expectativas respecto a los procesos electorales en Estados Unidos, pero parece que ahora no son unas elecciones comunes y que allá se están enfrentando dos proyectos distintos de nación. ¿Cómo percibe ese proceso en general y la figura de Barack Obama en particular? –Lo que se va a escoger el próximo martes no es una alternativa entre capitalismo y otra cosa. Se va a elegir al presidente del imperio. Ahora, es evidente que hay matices. No es lo mismo Bush que Clinton, u Obama que McCain. Para los que vivimos en este continente, es claro que nuestra esperanza está en que Obama resulte vencedor y que sea coherente con lo que ha planteado en su campaña, específicamente respecto a Cuba. Ese bloqueo a mi país es tan absurdo que tarde o temprano tiene que desaparecer. Sería magnífico que con Obama en la presidencia se diera un paso en ese sentido. –El año pasado la editorial Siglo XXI publicó su Antología personal, una selección hecha por usted de poemas y ensayos. ¿Ha cambiado la visión del poeta de lo que son las letras en este más de medio siglo o es una sólo línea? –No, no es ni puede serlo. Empecé a escribir poemas a los 15 años, en 1945, y a publicarlos en 1950: han pasado 58 años. Y Fernández Retamar hace un recuento de sus primeros y siguientes libros, de su paso por la fundamental revista Orígenes, que dirigía José Lezama Lima, de la publicación en México de varios de sus títulos, de su conocido poema El otro, escrito en 1959, al triunfo de la Revolución cubana, de su amistad con Octavio Paz, a quien conoció en París y cuya relación después se fue diluyendo. Retoma el asunto de su poesía: “Poco a poco me fui acercando a una poesía más conversacional, más hija del habla de todos los días. Es evidente que en todos esos años nadie, a no ser que estuviera hecho de piedra, permanece igual.” –Pero en términos formales y temáticos, ¿que pasó?–Diría que fui saliendo de una poesía muy preocupada por las cuestiones formales, a una poesía más libre, más humana, más integral, incluso más hija del coloquio. Pero siempre sorprendido e impresionado por la extrañeza de la existencia. Eso adquirió ciertas características al triunfo de la revolución. A los problemas existenciales que todos experimentamos, se sumó el desafío intelectual que era esa gran revolución que estaba ocurriendo ante nosotros y en nosotros. Y la poesía intentó hacerse cargo de ella. Aunque siempre he rechazado la poesía consignista, la poesía panfletaria, la poesía que repite frases vacías, y en las que espero no haber incurrido nunca.

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