sábado, octubre 02, 2010

Esquirla calza empedrado, Tomás Ramos Rodríguez

Sangre zapato huérfano
fusil llora plaza
azufre sol
ecuación opresa

Cuello bala traspasa
respira edificio agita
estadio pancarta
humano sucumbe

Cajón hélice azota
milita bengala arroja
corazón lanza
explosiva bestia

Proyectil pañuelo blanco
concreto quijada parte
azteca metralla
obsidiana lengua

Olímpico génesis pudre
nuestra cultura toda
eléctrica tierra

Octubre


*De la antología Venturas, nubes y estridencias (2003). 


jueves, septiembre 23, 2010

Leyendo a Óscar Oliva, José Revueltas

De la muerte, no
Sálvenme de la vida
Sálvenme de mis ojos
Ya invadidos de gusanos,
De la herrumbre de mis huesos
Y del alma.

Atrás doctores, hechiceros, sacerdotes,
Oradores, ideologías en acecho:
De morir, no.
Sálvenme de la vida eterna,
De las cosas que toco y miro,
Sálvenme del amor y de mis
Padres muertos,
Sálvenme de este no-ser
En perpetua agonía.


José Revueltas[1]
Junio 14 – 1973
México.


[1] “Estado de sitio”. 



 

domingo, septiembre 12, 2010

Francesca Gargallo



Es este silencio de amor
Es un largo deseo que se transforma en espera y
                                                                 [muere
como cuando en la silla del caballo
buscaba al placer que no podía darme
                 -placer de sexo mezclado a viento
                                  trote de lo inexistente-
Era la silla de un caballo gris –amigo
al que hablaba-
mi necesidad sin amor
y la soledad, inevitable permanencia.



martes, septiembre 07, 2010

De los cuadernos de Juan Gelman...

 

Lluvia

hoy llueve mucho, mucho,
y pareciera que están lavando el mundo
mi vecino de al lado mira la lluvia
y piensa escribir una carta de amor/
una carta a la mujer que vive con él
y le cocina y le lava la ropa y hace el amor con él
y se parece a su sombra/
mi vecino nunca le dice palabras de amor a la
mujer/
entra a la casa por la ventana y no por la puerta/
por una puerta se entra a muchos sitios/
al trabajo, al cuartel, a la cárcel,
a todos los edificios del mundo/ pero no al mundo/
ni a una mujer/ni al alma/
es decir/a ese cajón o nave o lluvia que llamamos así/
como hoy/que llueve mucho/
y me cuesta escribir la palabra amor/
porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa/
y sólo el alma sabe dónde las dos se encuentran/
y cuándo/y cómo/
pero el alma qué puede explicar/
por eso mi vecino tiene tormentas en la boca/
palabras que naufragan/
palabras que no saben que hay sol porque nacen y
mueren la misma noche en que amó/
y dejan cartas en el pensamiento que él nunca
escribirá/
como el silencio que hay entre dos rosas/
o como yo/que escribo palabras para volver
a mi vecino que mira la lluvia/
a la lluvia/
a mi corazón desterrado/



 


 

lunes, septiembre 06, 2010

Juan Gelman...

La cosa

Bajo las líneas que aquí yacen
hay una criatura acostumbrada a combatir
contra el dolor, contra la muerte.

Tal vez por ello amó melodramas,
historias lamentables de sus contemporáneos,
con desesperación, como se dice.

Como un borracho lento caminó por las calles,
tambaleó sosteniendo el peso de la vida,
de su rostro sólo supo cómo ya no iba a ser.

Ese rostro besaba entre el oleaje de la noche.




 


viernes, septiembre 03, 2010

Lourdes Casal

Obra poética: Cuadernos de agosto (1968); Palabras juntan revolución (1981); Everyone Has Their Moncada: 10 Poems (1982).  

PARA ANA VELDFORD

Nunca el verano en Provincetown
y aún en esta tarde tan límpida
(tan poco usual para Nueva York)
es desde la ventana del autobús que contemplo
la serenidad de la hierba en el parque a lo largo de Riverside
y el desenfado de todos los veraneantes que descansan sobre ajadas frazadas
de los que juguetean con las bicicletas por los trillos.
Permanezco tan extranjera detrás del cristal protector
como en aquel invierno
-fin de semana inesperado-
cuando enfrenté por primera vez la nieve de Vermont
y sin embargo, Nueva York es mi casa.
Soy ferozmente leal a esta adquirida patria chica.
Por Nueva York soy extranjera ya en cualquier otra parte,
fiero orgullo de los perfumes que nos asaltan por cualquier calle del West
Side.
Marihuana y olor a cerveza
y el tufo de orines de perro
y la salvaje citalidad de Santana
descendiendo sobre nosotros
desde una bocina que truena improbablemente balanceada sobre una escalera
            de incendios,
la gloria ruidosa de Nueva York en verano,
el Parque Central y nosotros,
los pobres,
que hemos heredado el lado del lado norte,
y Harlem rema en la laxitud de esta tarde morosa.
 El autobús se desliza perezosamente
hacia abajo, por la Quinta Avenida;
y frente a mí el joven barbudo
que carga una pila enorme de libros de la Biblioteca Pública
Y parece como si se pudiera tocar el verano en la frente sudorosa del
            ciclista
que viaja agarrado de mi ventanilla.
Pero Nueva York no fue la ciudad de mi infancia,
no fue aquí que adquirí las primeras certidumbres,
no está aquí el rincón de mi primera caída,
ni el silbido lacerante que marcaba las noches.
Por eso siempre permaneceré al margen,
una extraña entre las piedras,
aun bajo el sol amable de este día de verano,
como ya para siempre permaneceré extranjera,
aun cuando regrese a la ciudad de mi infancia,
cargo esta marginalidad inmune a todos los retornos,
demasiado habanera para ser newyorkina,
demasiado newyorkina para ser,
-aun volver a ser-
cualquier otra cosa.





lunes, junio 28, 2010

Los Gatos

Tomás Ramos


He escuchado como el abismo del agua se precipita sobre cuerpos nuevos bautizándolos con frío. Desierto de voces y siluetas en la mismidad del tiempo. Todo transcurrir parece igual ante la sorda respuesta de tus palabras. Monólogo en que combatimos heridos de vida, sintiendo como la noche se desliza por tu cuarto para alcanzarme a saber cómo estás en el lado del lecho que abandoné al alejarme de tu corazón. El camino apresurado que revienta como error ante el comerse el mundo. Seguir sin saber porque uno tiene que esperar el despertador al día siguiente para mal comer, no desayunar, continuar estoico trabajador hasta la hora nueva en que espero una sonrisa cruzarse con mi insignificancia ante el horizonte de palabras ciegas, deslumbramiento que producen las sombras ante tanto ruido democratizado. Olores a mar me llegan en el nocturno tiempo de la caricia. Olas se aparecen por mi espalda evocando tus labios perdidos ingenuamente. Mía en esa cama donde las vestiduras maullaron para despojarse de los miedos en ese lejano hotel de Juárez. 


Para hacerte mía tuve que ser tuyo. Para hacerme tuyo tuve que pronunciar tus ojos envueltos por tu sombra. Figura mía que se desvanece porque los años se acumulan. Recuerdo fijo, inamovible cuando amanece; los autos aún fríos se mueven, los trabajadores pasan en sus camiones a recoger la gasolina para transitar más horas en el frío; el sol avecinando en las montañas, mientras lentamente se asoma para enfriar más el día en la ventana de mi cocina. Estas caricias tuyas recorren los poros de mi memoria. Estas caricias se aposentan en la taza de café caliente que emana aire tibio. Estas caricias tuyas recorren mis recuerdos bajo los árboles mezclándonos en el sudor y sigilo. Caricias tuyas bajo tus largas manos que presumen los anillos insurrectos que me visitan en cada fotografía tuya. Largas caricias bajo la mano del tiempo que me reduce a ti y a que no estás conmigo. Lamento que me persigue mientras sorbo otro trago, mientras mis pensamientos siguen indetenibles retrasando la hora de tomar los libros y vestirme y partir hacia el aula orando porque no nieve de la casa al edificio. 


Manos que se estiran firmes las calcetas térmicas, los suéteres y el abrigo. Manos que se deslizan por telas extrañas nunca necesitadas cuando tu piel fue la que se rozaba conmigo. Manos que se quedaron en un pasado para abrigar ahora sinónimos de lo que antes de ti recibieron. Manos que se han quedado para descifrar recuerdos a tu lado en los teatros, tomándote de la mano mientras en el calor más intenso, no podía enfriar ese llamado negro de tus latidos. 


Publicado en "Solaluna Revista" en: http://solalunarevista.com/?p=390

lunes, septiembre 28, 2009

La esperanza del silencio



Presentación de la Revista Literaria “Arenas Blancas”

Tomás Ramos Rodríguez

Mérida, Yucatán, 14 de julio de 2009.

Hace poco más de un año, en esta misma biblioteca pública “Manuel Cepeda Peraza”, presentamos el número anterior de la revista “Arenas Blancas”. En esa ocasión, al igual que en esta, tuve la oportunidad de editar literatura yucateca en los Estados Unidos. No es la primera vez que los escritores yucatecos o la literatura escrita desde Yucatán ocupan un lugar en las páginas de publicaciones extranjeras. Pero desde mi condición de yucateco emigrante por cuestiones académicas y laborales, promuevo la enriquecedora posibilidad del diálogo que se pueda establecer con otras culturas literarias de dentro y fuera del país.

La revista literaria “Arenas Blancas” es la publicación semestral de los estudiantes de la Maestría en Literatura Hispanoamericana de la Universidad Estatal de Nuevo México. Tuve la oportunidad de formar parte de ella un año y medio atrás, y tuve la oportunidad de co-editar los últimos dos números de esta revista. Es importante tener presente desde donde un editor tiene que pensar en lo que es preparar un número de una revista, pues es una tarea tan exigente como preparar un libro, armar una película o un video, escribir un libro de poemas, puesto que tanto la selección de materiales como el orden en que van estos dentro del número corresponden a la construcción de un relato que se encuentra muy lejano a la arbitrariedad de la sección fija, solo por el mero –y necio- hecho de que tiene que existir. En esta ocasión, en este número 10 tuve un intenso trabajo con Diego Ordaz, pues mientras combinábamos nuestras clases de maestría y las clases que impartimos como profesores en el Colegio de Ciencias y Artes Liberales, pudimos salir hacia delante con respecto a los problemas de decisión editorial –los interminables ajustes hasta la invernal madrugada desértica nuevomexicana en semanas de clases-, así como de problemas externos que poco tienen que ver con la manufactura total de una revista integrada por una visión joven acorde con su tiempo.

La poesía y el silencio se conjugan en el desierto para hacernos escuchar nuestros horizontes más profundos. Caminar por sus horas tan cíclicas; dar las mismas vueltas sobre los mismos pasos en un ir y venir interminable; tejer una espiral de la que es difícil y a veces imposible sobreponerse, acaba con la vitalidad si uno no aprende a escuchar entre las piedras y las montañas rojas de Las Cruces el lenguaje del silencio.

En días pasados, platicando con el especialista chicano, el Dr. Axel Ramírez, en la compañía de profesores como el Dr. Adalberto Santana y el Dr. Carlos Bojórquez, y nuestro compañero Cristóbal León, el Dr. Ramírez recordaba su fraterna amistad con el Dr. Ricardo Aguilar Melantzón. Él fue un impulsor y promotor de la literatura fronteriza y chicana quien entre otras cosas escribió de Yucatán. Recordándolo con cariño el Dr. Ramírez apuntó a recordar que Aguilar Melantzón proponía la zona fronteriza de Ciudad Juárez, Chihuahua, El Paso, Texas y Las Cruces, Nuevo México, como una misma región integrada en términos culturales y sociales a pesar de estar divididos por la frontera que separa el primer mundo del tercer mundo, por la frontera que separa a Estados Unidos de América Latina, es decir del resto del mundo. Es por eso de su valor tan importante el poder narrar y recuperar las voces que constantemente se reconfiguran con el paso agitado de miles de emigrantes a uno y otro lado de la frontera demostrando que Ciudad Juárez y El Paso son dos ciudades que conviven como una sola, apenas viviendo “dividida” por esta emblemática frontera. Es por esto que los editores de “Arenas Blancas” no pudimos detenernos en nuestra tarea de recuperar esas voces que reconfiguren y reinterpreten los códigos fronterizos de uno y otro lado tanto en lengua española como inglesa, así como del conocido Spanglish, que es el caló que surge como una tercera lengua, de la mezcla del español con el inglés.

Es por eso que este número lleva por temática “La estética fragmentada”, puesto que nuestras identidades se invierten en un diálogo múltiple cuando al cruzar la frontera caminamos para escuchar muchas lenguas en diferentes pronunciaciones y acentos como si el cruce Santa Fe o el de las Américas fueran una Babel interminable. Así como escuchamos inglés, español o alemán, escuchamos tarahumara al momento de toparnos con nuestros primeros mexicanos del desierto al cruzar a México regresando de los Estados Unidos en carretera. Vivir en Las Cruces, es vivir en una zona fronteriza o lo que Gloria Anzaldúa hubiese llamado un Borderland. Este es un entrecruce donde estamos experimentando los límites del diálogo entre las dos lenguas, dos culturas (la angloamericana y la mexicana), y los límites políticos, que es el límite cultural en resistencia.

En “La estética fragmentada” tenemos una edición cíclica. Iniciamos con el poema de Oscar Hann “Todas las cosas se deslizan”, para cerrar con el ensayo del Dr. Iván A. Schulman sobre “José Martí”. Oscar Hann dice en su poema que el mundo es un “cosario”, es un espacio donde están depositadas todas las cosas juntas, es decir tenemos otro entrecruce. Entre los autores de Yucatán podemos mencionar a Rodrigo Ordóñez Sosa con un artículo sobre el cine y la literatura Gore, tenemos la poesía de Manuel J. Tejada, y un artículo del Mtro. Óscar Ortega Arango sobre Villa y Zapata como sombras de su historia. De esta forma la estética que proponemos está compuesta de muchas voces, de voces cruzándose, partiendo desde lo visual con el diseño de la portada, que renovó el discurso visual de “Arenas Blancas” donde el diseñador Francisco Serratos, junto con las imágenes del artista visual de Ciudad Juárez, Erick Nungaray, pudieron crear un marco (un discurso visual) que se entrelazara dialogando con el contenido de los textos de la revista a nivel de forma, creando un espacio o cuerpo entrecruzado.

Cuando lanzamos la convocatoria para este número recibimos muchos trabajos que no fueron de mala calidad, pero lamentablemente quedaron fuera debido a la visión editorial que manejamos, pues hubieran quedado forzados por el peso de su contenido sociocultural y estético, porque para nosotros armar una revista no es una yuxtaposición de trabajos que no siguen un discurso coherente. En este sentido pudimos concretar un entrecruce donde pudimos contener una multiplicidad de voces fronterizas de uno y otro lado de la frontera de México y los Estados Unidos.

También quiero agradecer a mis profesores tanto de New Mexico State University (NMSU) como de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY). El apoyo de todos ellos me ha puesto en el camino para el doctorado en literatura en Arizona State University (ASU) este próximo mes de agosto. Sin el apoyo de todos ellos hubiera sido imposible. En NMSU agradecemos el apoyo del Dr. Richard Rundell director del Departamento de Lenguas y Lingüística, a la Dra. Beth Pollack, directora de la Maestría en Artes en Español y Literatura, al Mtro. Jeff Longwell, coordinador de los profesores asociados de Español por su aliento en los momentos más difíciles. También agradezco a los profesores el Dr. Jesús J. Barquet por sus clases de poesía Modernista, y especialmente a los profesores el Dr. José Manuel García por su aprecio demostrado y sus clases de la literatura de la Revolución Mexicana que tanto me inspiraron, así como al Dr. Spencer Herrera por ser un amigo y guía en la literatura Chicana en mi paso por esta universidad. También le doy mi especial agradecimiento al Dr. Neil Harvey, quien es Director del Centro de Estudios Latinoamericanos y de la Frontera, por su visión indigenista y estar comprometido con la lucha de reivindicación. A todos ellos agradezco su aliento y apoyo para concretar estas “Arenas Blancas” que de nuevo se entrecruzan con las Arenas de Yucatán.

Agradezco desde luego a los miembros de “Arenas Blancas” y a quienes estuvimos juntos durante este proceso. Al co-editor y amigo entrañable Diego Ordaz, a nuestro diseñador Francisco Serratos; a los compañeros de la maestría que ahora se incorporan al proyecto, a Katie Brown, a Jorge Arroyo “El Alkimista”, y a Neva Sanders. También a otros amigos que estuvieron siempre cerca, a Juan Carlos Medina y a Miguel de la Cruz, que fueron unos hermanos increíbles en mis últimos meses en la maestría. También a la poesía de Camilo Roldán y Chris Acosta, como la amistad de Dylan Galos y la de mi peruana María del Carmen López. Las Cruces es un sitio en el desierto pero lleno de personas entrañables.

También no puedo dejar de agradecer a mis profesores de la Universidad Autónoma de Yucatán, especialmente al Dr. Carlos Bojórquez, a los Mtros. Celia Rosado y Óscar Ortega Arango y a la Dra. Margaret Shrimpton, actual coordinadora de la licenciatura en Literatura Latinoamericana, que fueron la piedra angular en mi formación para ponerme en el camino a la maestría y ahora, por fin al sueño tan anhelado del doctorado. También a los miembros de la Red Literaria del Sureste por su compromiso con la literatura de Yucatán. Mi más enorme y sincero agradecimiento a mi familia que siempre me ha apoyado en este trayecto y permitido leer a altas horas de la noche y gastarme el dinero en libros (porque los libros cuestan), y también a ustedes que se encuentran aquí reunidos esta noche pues significan mucho para mi.

Desde luego, agradezco enormemente al Instituto de Cultura de Yucatán del Gobierno del Estado y especialmente a su Subdirección General de Literatura y Promoción Editorial a cargo del Mtro. Jorge Cortés Ancona, por hacer posible que la literatura de los yucatecos que actualmente radican en los Estados Unidos, y está siendo publicada, pueda darse a conocer a los lectores de Yucatán. Podemos notar un enorme cambio de actitud en el actual Instituto de Cultura verdaderamente preocupado por la difusión de la literatura de todos y no solamente de unos cuantos, por esto a ustedes muchas felicidades.

Muchas Gracias.

viernes, julio 31, 2009

Los desprendimientos góticos del alma

Rodrigo Ordóñez Sosa y Tomás Ramos Rodríguez

Escribir desde lejos de la tierra, y no desde el destierro, es lo que hace que la poesía de Álvaro Baltazar Chanona Yza establezca un puente entre dos mares o dos tierras diferentes. Nacido en Mérida, Yucatán, y radicado sucesivamente en Guadalajara, Mexicali y Cancún, donde ha participado en diversos foros nacionales, suplementos y revistas literarias.

En esta ocasión, nos presenta “La alforja de los desprendimientos”, coedición de la editorial Versodestierro en la colección “Las cenizas del quemado” con el Instituto de Cultura de Yucatán y el Conaculta. En este libro plasma sus sentimientos de una manera directa y podríamos decir visceral. La voz de un hablante lírico fluida que no se detiene a mirar la lentitud de las mareas, diferente a concentrarse en el torrente destructor de unas aguas agitadas desde el horizonte de la noche. Como el mismo dice, su alforja es un “cuarto oscuro al que llamamos destino”.

La propuesta de una poesía oscura, desencontrada con la luz del día, nos hace pensar en los poemas que fueron escritos por los poetas decadentistas, los poetas simbolistas y poetas malditos en el siglo XIX. Sin embargo, Chanona Yza promueve estos espacios oscuros dentro de un sitio que es eternamente descrito por la voz poética, donde rara vez aparece un apóstrofe bien definido que nos aclare si nos dirigimos a una mujer, como en el caso del poema “La brillante”, o si es la poesía o el ambiente, o el sitio poético donde el poeta pretende ubicar una voz que va describiendo todo lo que mira desde la pesadumbre de su postura ante la vida, es decir, la luz del mundo es una astilla permanente a los ojos de un poeta cansado, frustrado, sin más ánimos de lo que se encuentra por vivir.

Asimismo, los poemas reflejan un ambiente que recuerda a la literatura gótica, con elementos poéticos que nos arropan en el miedo o el terror, pero más que infundirnos un miedo sobrenatural, nos asfixian con el pesimismo de una sociedad contaminada por la neurosis y los placebos que nos empujan a otros mundos para evitar la realidad. Es por ello que el poeta nos aclara que es “otro hijo necio y bastardo del prozac/ y las anfetaminas”.

De igual forma, los elementos góticos que resaltan en la lectura de los poemas son la referencia a la locura, las características inhumanas que empujan al lector a evitar los espejos, por miedo a encontrar en su cara alguna de las señales de la decadencia moderna que señala el autor. Cada verso refleja una realidad que preferimos evitar, es una invitación para reflexionar sobre el alma en una sociedad basada en la hipocresía y las falsas amistades.

Es un mundo poético que transita en claroscuros intermitentes, con situaciones anímicas que evocan otras realidades. Por ello, tal parece que tenemos a la poesía ubicada en el territorio marino de la noche, y que nunca durante la luz del día, puesto que el único destello claro que podemos mirar en su alforja es cuando se dirige a “La brillante”, así como cuando le habla a la mujer en el poema “Crisálida”. Es un poeta en busca de la esperanza, mas no un poeta desesperanzado, puesto que aún no ha concretado el punto en que se encuentre la revitalización dentro de la figura marina del poeta; es un Simbad que no está varado en la poesía, pero sí en las imágenes que rodean el mundo negro que nos está describiendo en esa mirada que sólo penetra penumbras mas no luz.

La relación que existe entre los mares de Baja California y la nostalgia del Caribe puede ser algo que nos cuestione. Pero en la poesía de Chanona Yza podemos notar que el mar, a pesar de ser un lugar poético mencionado por todos los poetas, es el lugar que no tiene distintivo entre los mares helénicos de la tradición clásica épica, sean el mar de California o el mar Caribe.

En el primer capítulo del libro “Del Caribe esta cosmogonía” los animales del Mayab se mezclan desde la mirada de un poeta en un lugar ubicado en un ideal pasado sobre su imaginación, que nunca busca apegarse a la realidad. Su visión exotista se mezcla con la incursión de vocablos tomados no de la lengua maya contemporánea, pero sí de los lugares y animales que han aparecido dentro de la tradición histórica de la cultura maya, así como sitios de la Riviera de la península yucateca, como Playa del Carmen, desde donde el poeta cierra su primer capítulo luego de meternos a un ambiente desolador, que revalora el pasado por sobre lo nuevo, que le da más validez a la naturaleza por sobre el ambiente urbano y de la ciudad, proponiéndonos la re-creación del mundo por medio del arte.

Vemos al Coatí de Cozumel, un “aristocrático sacbé”, quetzales, al señor de los cielos, a Yal Ku, a Tulum, a los hijos de la X´tabay, donde la naturaleza idílica será la relación de sexualidad-selva, donde lo sexual será una vorágine asentada en la vitalidad del agua (la saliva, el sudor, las rías), donde se abrirán tantas puertas en las que el lector tiene que ubicarse para enterarse de qué es lo que está pasando, y llegamos a un punto del desconcierto dentro de las zonas selváticas de sus estrofas.

El siguiente capítulo le da nombre al libro: “La alforja de los desprendimientos” inicia con un epígrafe de Juan Bañuelos, donde ubica la patria de la palabra para saber dónde estamos. El capítulo avanza en un despliegue de fuerzas malditas que no le dan tregua al lector; el sufrimiento, ante todo, es la única raíz que surge de la garganta del hablante lírico, sufrir, sufrir, sufrimiento extenso en poemas que tienen un tono narrativo. Podemos ver la búsqueda de la angustia como forma de purificación en la estética literaria de Chanona Yza.

El último apartado del libro, titulado “Entre el Erial y el Río”, nos habla del hombre anónimo, aquel que las instituciones y el mundo quieren hundir en la nada, es por ello que empieza la serie de poemas diciendo “Estoy sin ropa y desaseado como una prostituta/ en el cuarto de un hotel de paso”. Nada más anónimo que eso, impersonal y distante. Sin embargo, la voz poética lucha contra la hostilidad del exterior y los gusanos que pululan en los escondrijos del alma. Al final, el poeta decantado expulsa todo hacia el exterior, vacía sus alforjas para decirnos que “mientras más me vacío, más me lleno/ de este apetito insaciable/ de seguir escribiendo”, la única liberación posible es y será siempre a través de la escritura.

Es importante señalar que el lector debe sumergirse en todas las aristas de lo que sucede en el sitio poético del angustiante discurso de Chanona; por ello el autor reserva y modera partes y acciones de su discurso para no soltarnos toda la información posible en este, como si fuera una marea irrefrenable, para que el lector reinvente el mundo que se le presenta por medio de las metáforas, epítetos y demás figuras retóricas, armar con las pistas su interpretación, para apropiarse de la poesía y para volverse uno con la realidad.

Chanona Yza, Alvaro Baltazar: La alforja de los desprendimientos, coedición Instituto de Cultura de Yucatán-Conaculta- Versodestierro, Col. Las cenizas del quemado, México-Mérida, 2009.

Publicado en Por Esto! 29 de Julio de 2009.

viernes, julio 17, 2009

Arenas Blancas y la pluralidad estética


Rosely E. Quijano León

Diferentes voces se entrelazan para conformar el número 10 de la revista Arenas Blancas, de la Universidad Estatal de Nuevo México, que hoy, a través de su editor, Tomás Ramos Rodríguez nos llega a Yucatán.

En este número de la revista —que contiene cuentos, poemas, fragmentos de una novela y teatro, así como ensayos, crónica y reseñas— encontramos que el punto de unión, como se comenta en la página editorial, es una estética fragmentada, donde la intención es dejar atrás la rigurosidad tanto de forma como de contenido que suele caracterizar a las revistas literarias.

Y es que en este número se aprecia un interés por abordar esos temas, que de pronto catalogamos como “escabrosos”, “grotescos”, o que rompen con la idealización y estilización que muchas veces se pretende encontrar en una revista literaria.

Por el contrario, esos temas que pocos abordan y que son parte de nuestro mundo postmoderno se nos presentan desde una visión más actual y renovada. Es así como, por ejemplo, en el ensayo de Rafael Torriz titulado “Entre lo kitsch y lo naco. Aproximaciones a una estética masificada” se nos explica el origen de estos dos términos y cómo se han ido expandiendo hasta ir desplazando los cánones estilísticos.

Torriz en su ensayo se pregunta algo que muchas veces, como mexicanos, nos hemos cuestionado, pues en su ensayo nos dice: “¿De dónde proviene el gusto por lo estrafalario, lo dorado (…) la ropa de marca que suena y tiene tipografías parecidas al original (Mike por Nike) los televisores Rony, los vasos de graduación y quince años (…) las últimas cenas adornadas con escarcha, las figuras de la virgen de Guadalupe con coronas de foquitos navideños”, y situaciones como éstas, de las que alguna vez nos hemos hecho preguntas, ya sea porque algunas de estas cosas han caído en nuestras manos por alguna extraña razón o, si no queremos admitirlo, porque por lo menos tenemos un amigo o conocido que suele adquirirlas.

En fin, no es mi intención resumir el contenido de todos los trabajos que contiene la revista, y si lo hiciera se perdería definitivamente el verdadero sentido de una presentación editorial, que es el de invitarles y contagiarles el interés por leerla. Así que de manera más general quiero comentar que los cuentos son innovadores en cuanto a su temática y nos adentran en la cotidianeidad que cada día nos rodea y nos atrapa.

Los poemas incluidos en la revista tienen como característica su deseo de sublimar el transcurrir de la vida cotidiana, y destacan los pequeños indicadores que nos transportan a una concepción profunda del alma. Así, Oscar Hahn nos transporta a la materialización de los recuerdos, de los sentidos y a las cosas que guardamos a lo largo de nuestra existencia, que no aparecen de golpe, sino al contrario: se deslizan hasta concretarse en nuestro presente. Son las sensaciones que permanecen dormidas, ocultas, esperando para activarse, porque el pasado no desaparece, sino que duerme: “en el cosario yacen las cosas/ están inmóviles a la espera/ de que empiece el deslizamiento/ y cuando empiezan a deslizarse/ y se van cuesta abajo/ entreabren los párpados…”.

Manuel Tejada, en su Litografía del Aprendiz, nos lleva al mundo familiar, versos encadenados con lo impreciso del futuro, con la orfandad heredada, una vida que fluye nada más, que encuentra incentivos para agitarse, para sentir de nuevo el mundo con todas sus pasiones, donde “no habrá prudencia entre estas manos/ si sólo se trata de vivir”. Ambos poemas tienen estéticas diferentes, que fragmentan nuestra concepción del mundo y nos obligan a replantearnos y meditar sobre lo cotidiano y sus posibilidades para entender nuestro espíritu.

Los ensayos muestran diferentes enfoques de temas literarios tanto actuales como clásicos, es el caso del trabajo de Rodrigo Ordóñez titulado “La fragilidad como estética en la literatura y el cine gore”, donde nos adentra en este tipo de literatura y cine que muy pocos estamos acostumbrados a ver y leer y que refleja al fin y al cabo, pese a todas las escenas y descripciones grotescas y sangrientas que contiene, que su única intención es, como menciona Rodrigo, “crear una atmósfera que sofoca al lector con narraciones detalladas e imágenes violentas, para recordarnos que la inmortalidad está basada en el deseo de olvidar que la muerte acecha detrás de cada segundo”.

Por otro lado, nos encontramos ante la desmitificación en la llamada “Novela de la Revolución” de dos héroes históricos de nuestro país: Zapata y Villa en el ensayo de Oscar Ortega Arango titulado “Villa y Zapata: Sombras de su historia” en donde contextualiza a estos dos personajes para comprenderlos mejor. De igual forma, Iván Schulman logra con su ensayo titulado “La mirada martiana del Oriente frente a la globalización modernista” explicar que el término globalización no es algo nuevo y como el autor menciona “Martí lo percibió con clarividencia ejemplar”.

Es importante también mencionar el fragmento de la novela “Diario de las especies” de la escritora Claudia Apablaza, que nos muestra una propuesta muy original en su narración al presentarla en un formato muy innovador y ad hoc con la época, pues la historia la construye a través de un blog y los comentarios que sus visitantes le dejan.

Hay muchas otras cosas interesantes en la revista que como lectores irán descubriendo cuando realicen cada uno de ustedes la lectura de este número, pues el hecho de venir a la presentación de una revista es por el interés que se tiene hacia el contenido de la misma, y para poder cerrar el círculo que inicia con la intencionalidad de los escritores, editores, y demás gente que se involucra con la creación de una revista, definitivamente tiene que ejercerse la lectura de la misma.

Este número en particular engloba una especie de los dos espacios que conforman a su editor y que han sido su ir y venir en los últimos años: Nuevo México y Yucatán. El hecho de incluir diferentes voces de distintas partes del país y del extranjero hace que se refleje la pluralidad de visiones y percepciones, pero que a la vez, pese a la distancia, converjan en un punto y se enriquezcan.

Por lo general, las revistas literarias que surgen de una institución educativa suelen únicamente incluir a los miembros de la misma para difundir sus trabajos, pero este no es el caso de Arenas Blancas, que demuestra apertura para incluir trabajos de diferentes personas de diferentes lugares y formación académica y creo que ello le da el carácter de plural, porque el ser excluyentes nunca ha sido y nunca será el verdadero sentido de la literatura, y hoy en día menos que nunca, en que la literatura traspasa fronteras, idiomas, ideologías, culturas, políticas y muchas cosas más.

Y es significativo que una revista sea tan congruente con su título, su ideología, su idioma y su contenido y, en este caso, su lugar de origen, pues su intención es clara: no existen fronteras para la literatura ni para la difusión de la misma.

Para finalizar, quiero agradecerle a Tomás su invitación y mencionar que para los que tenemos la oportunidad de conocerlo desde hace algunos años nos es casi imposible no ver este trabajo en retrospectiva, desde que inició la revista “Andanzas y Tripulaciones”, ya que hoy observamos su evolución en esta difícil tarea de ser editor. Se le agradece el hecho de incluir trabajos de yucatecos en su revista, de no perder esa nostalgia por los recuerdos y los no tan viejos tiempos de universitario y por tener siempre presente que la literatura no debe ser un pretexto para pleitos, desacuerdos ni distanciamientos, sino todo lo contrario: un medio y un fin para crear y unificar.

(Texto leído para la presentación de la revista Arenas Blancas, en la Biblioteca Central Estatal “Manuel Cepeda Peraza” del ICY, el pasado martes 14 de julio).