
sábado, diciembre 08, 2007
miércoles, diciembre 05, 2007
Federico Garcia Lorca
Balada Amarilla
En lo alto de aquel monte
hay un arbolito verde.
Pastor que vas
Pastor que vienes
Olivares soñolientos
bajan al llano caliente.
Pastor que vas
Pastor que vienes
Ni ovejas blancas ni perro
ni cayado ni amor tienes.
Pastor que va
Como una sombra de oro,
en el trigal te disuelves,
pastor que vienes.
miércoles, octubre 24, 2007
Poema de Francesca Gargallo
TU
Primero llegaron el dolor
y tu sonrisa: el atrio de cristal
donde oficiabas sin saberlo
un rito de leche y de luz.
El dolor yo lo creía
más que un estado
el nivel de cualquier estado
un modo de acceder a la afinidad
un acuerdo para abordar la caída del tiempo
y nuestra difícil confusión.
La alegría pudo bordar juegos de pirotecnia
entre los manjares delicados
que gustábamos.
Pero. ¿cómo abandonar el dolor
si para llegar a ti
era preciso excavar
y seguir la más ligera huella
hasta mí?
Descendí
para pedirte que bajaras conmigo.
No sé si comprendiste
tan necesitado de luz como te siento
que te pedía
penetrar la oscuridad
y recuperar la luz
sin ser como la nada que crece
en una llamarada de risas y espuma.
Y vino el ansia de entenderte.
Tu historia caminaba por las calles.
La memoria con toda su fuerza
era incapaz de extenderse hasta el presente
y yo enfrentaba al amigo
que buscó mirarme partir.
Yo como tú al otro costado del Atlántico
me perdí tal vez
donde el mar pierde importancia.
Primero llegaron el dolor
y tu sonrisa: el atrio de cristal
donde oficiabas sin saberlo
un rito de leche y de luz.
El dolor yo lo creía
más que un estado
el nivel de cualquier estado
un modo de acceder a la afinidad
un acuerdo para abordar la caída del tiempo
y nuestra difícil confusión.
La alegría pudo bordar juegos de pirotecnia
entre los manjares delicados
que gustábamos.
Pero. ¿cómo abandonar el dolor
si para llegar a ti
era preciso excavar
y seguir la más ligera huella
hasta mí?
Descendí
para pedirte que bajaras conmigo.
No sé si comprendiste
tan necesitado de luz como te siento
que te pedía
penetrar la oscuridad
y recuperar la luz
sin ser como la nada que crece
en una llamarada de risas y espuma.
Y vino el ansia de entenderte.
Tu historia caminaba por las calles.
La memoria con toda su fuerza
era incapaz de extenderse hasta el presente
y yo enfrentaba al amigo
que buscó mirarme partir.
Yo como tú al otro costado del Atlántico
me perdí tal vez
donde el mar pierde importancia.
lunes, octubre 22, 2007
Nostalgia por Mérida
Extraño todo, si pudiera, volvería. ¿Pero, extrañar todo, no equivale a estar ahí todo el tiempo, con la ventaja de que nada cambia? El recuerdo está fuera el tiempo.
Juan García Ponce.
Juan García Ponce.
lunes, octubre 15, 2007
martes, octubre 09, 2007
lunes, agosto 06, 2007
Roberto Fernández Retamar
FELICES LOS NORMALES
Felices los normales, esos seres extraños,
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante,
Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,
Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
Los satisfechos, los gordos, los lindos,
Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
Los flautistas acompañados por ratones,
Los vendedores y sus compradores,
Los caballeros ligeramente sobrehumanos,
Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
Los delicados, los sensatos, los finos,
Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.
Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
Que sus padres y más delincuentes que sus hijos
Y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.
Felices los normales, esos seres extraños,
Los que no tuvieron una madre loca, un padre borracho, un hijo delincuente,
Una casa en ninguna parte, una enfermedad desconocida,
Los que no han sido calcinados por un amor devorante,
Los que vivieron los diecisiete rostros de la sonrisa y un poco más,
Los llenos de zapatos, los arcángeles con sombreros,
Los satisfechos, los gordos, los lindos,
Los rintintín y sus secuaces, los que cómo no, por aquí,
Los que ganan, los que son queridos hasta la empuñadura,
Los flautistas acompañados por ratones,
Los vendedores y sus compradores,
Los caballeros ligeramente sobrehumanos,
Los hombres vestidos de truenos y las mujeres de relámpagos,
Los delicados, los sensatos, los finos,
Los amables, los dulces, los comestibles y los bebestibles.
Felices las aves, el estiércol, las piedras.
Pero que den paso a los que hacen los mundos y los sueños,
Las ilusiones, las sinfonías, las palabras que nos desbaratan
Y nos construyen, los más locos que sus madres, los más borrachos
Que sus padres y más delincuentes que sus hijos
Y más devorados por amores calcinantes.
Que les dejen su sitio en el infierno, y basta.
jueves, julio 26, 2007
Rubén Bonifaz Nuño
J
Ningún otro cuerpo como el tuyo
Vino a salir sobre la tierra,
Porque él eres tú. Domingo diario,
Simposio y lecho y mesa puesta
Para los sentidos no platónicos.
Sin verte ni oírte, voy formándole
El molde de un instante tuyo;
El estuche justo, tu morada.
Espacio puro, impenetrable,
Donde guardarlo aprisionado.
Siguiendo los innumerables
Peldaños infinitesimales
De tu olor, bajando y ascendiendo,
Las superficies reconozco,
Maravilladas, de tu cuerpo.
Hueles a escollo soleado,
A huertas en la sombra, a tienda
De perfumes; a desierto hueles,
A tierra grávida, a llovizna,
A carne de nardo macerada,
A impulsos de ansias animales.
Y cada aroma halla respuesta
En un sabor que lo sostiene,
Y el regusto de la sal, el agrio
Del fruto en agraz; dulcísimo,
El del fruto maduro y pleno,
El amargor donde floreces,
Mezclándose, ardiendo, disolviéndome;
Hacen de ti un sabor; el único
Sabor, el que te vuelve en suya.
Y con él completo la armadura
Del perfecto espacio: tu recinto
Inequívoco, el sitio de ti misma.
Ningún otro cuerpo como el tuyo
Vino a salir sobre la tierra,
Porque él eres tú. Domingo diario,
Simposio y lecho y mesa puesta
Para los sentidos no platónicos.
Sin verte ni oírte, voy formándole
El molde de un instante tuyo;
El estuche justo, tu morada.
Espacio puro, impenetrable,
Donde guardarlo aprisionado.
Siguiendo los innumerables
Peldaños infinitesimales
De tu olor, bajando y ascendiendo,
Las superficies reconozco,
Maravilladas, de tu cuerpo.
Hueles a escollo soleado,
A huertas en la sombra, a tienda
De perfumes; a desierto hueles,
A tierra grávida, a llovizna,
A carne de nardo macerada,
A impulsos de ansias animales.
Y cada aroma halla respuesta
En un sabor que lo sostiene,
Y el regusto de la sal, el agrio
Del fruto en agraz; dulcísimo,
El del fruto maduro y pleno,
El amargor donde floreces,
Mezclándose, ardiendo, disolviéndome;
Hacen de ti un sabor; el único
Sabor, el que te vuelve en suya.
Y con él completo la armadura
Del perfecto espacio: tu recinto
Inequívoco, el sitio de ti misma.
miércoles, julio 11, 2007
Última luna, Reinaldo Arenas
Por qué esta sensación de ir a buscarte
hacia por donde mucho que vuele
no he de hallarte.
Qué terror sin tiempo ahora me impele
a por sobre tanto terror siempre evocarte.
No ha de encontrar sosiego nuestra pena
(qué hallarlo sería comenzar otra condena)
y por lo mismo jamás cesaré de contemplarte.
Luna, una vez mas aquí estoy detenido
en la encrucijada de múltiples espantos.
El pasado es todo lo perdido
y si del presente me levanto
es para ver que estoy herido
(y de muerte)
porque ya el futuro lo he vivido.
Ésa, indiscutiblemente, ésa es la suerte
que por venir del infierno arrostro.
Extraña amante,
sólo me queda contemplar tu rostro
(que es el mío)
porque tú y yo somos un río
que recorre un páramo incesante,
circular e infinito:
hacia por donde mucho que vuele
no he de hallarte.
Qué terror sin tiempo ahora me impele
a por sobre tanto terror siempre evocarte.
No ha de encontrar sosiego nuestra pena
(qué hallarlo sería comenzar otra condena)
y por lo mismo jamás cesaré de contemplarte.
Luna, una vez mas aquí estoy detenido
en la encrucijada de múltiples espantos.
El pasado es todo lo perdido
y si del presente me levanto
es para ver que estoy herido
(y de muerte)
porque ya el futuro lo he vivido.
Ésa, indiscutiblemente, ésa es la suerte
que por venir del infierno arrostro.
Extraña amante,
sólo me queda contemplar tu rostro
(que es el mío)
porque tú y yo somos un río
que recorre un páramo incesante,
circular e infinito:
un solo grito.
lunes, julio 02, 2007
Infinita Noche
"Para la tarea del artista la ceguera no es del todo una desdicha: puede ser un instrumento."
"Quien es poeta lo es siempre, y se ve asaltado por la poesía continuamente."
"Un escritor, o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; todas las cosas le han sido dadas para un fin y esto tiene que ser mas fuerte en el caso de un artista. Todo lo que pasa, incluso las humillaciones, bochornos, las desventuras, todo eso le ha sido dado como arcilla, como material para su arte; tiene que aprovecharlo."
"Por eso yo hablé en un poema del antiguo alimento de los héroes: la humillación, la desdicha, la discordia. Esas cosas nos fueron dadas para que los transmutemos, para que hagamos de la miserable circunstancia de nuestra vida, cosas eternas o que aspiren a serlo."
"Quien es poeta lo es siempre, y se ve asaltado por la poesía continuamente."
"Un escritor, o todo hombre, debe pensar que cuanto le ocurre es un instrumento; todas las cosas le han sido dadas para un fin y esto tiene que ser mas fuerte en el caso de un artista. Todo lo que pasa, incluso las humillaciones, bochornos, las desventuras, todo eso le ha sido dado como arcilla, como material para su arte; tiene que aprovecharlo."
"Por eso yo hablé en un poema del antiguo alimento de los héroes: la humillación, la desdicha, la discordia. Esas cosas nos fueron dadas para que los transmutemos, para que hagamos de la miserable circunstancia de nuestra vida, cosas eternas o que aspiren a serlo."
Jorge Luis Borges.
miércoles, junio 20, 2007
viernes, junio 01, 2007
sábado, marzo 24, 2007
miércoles, diciembre 27, 2006
martes, junio 13, 2006
viernes, mayo 12, 2006
Mis últimos días con Pedro Infante
Nunca se deja de extrañar a quien se ama. Y después de tanto silencio, viene a llenarse todo con el ruido de la gente a mi alrededor. Vuelvo a pensar en Pedro. Vuelvo a leer de él. Vuelvo a leer lo que escribí de él. Termino por desconocerme, como sucede cuando despierto después de varios días de estar confundido. Pienso que llega el final de lo que siempre pospongo. Me pospongo a mí ante todas las responsabilidades. Mi tesis llegó a su final. Si tengo remedio. Despierto me voy con mis dictámenes. Repaso, y en el café me sorprende la voz de Pedro en una canción ranchera. Como cuando canta en el Gavilán Pollero, cuando siente que le han arrancado las garras. Grita. Yo grito. Nadie lo ve. Abro la tesis nuevamente y le digo, has vuelto a aparecer. Mis ojos se proyectan hacia la calle porque me llama la atención un cliente norteamericano de facciones latinas que pide más café, bastante arrogante. Despierto con los dictámenes que acabo de leer, recuerdo las noticias. Pedro sigue cantando desgarradoramente alrededor de las calurosas esquinas de la Flor de Santiago. Pido más café para despertar la voz que adormilada reposa en mi garganta. Pedro continúa. Yo tengo que ir al baño. Orino. Me lavo la cara. Regreso. Cuando regreso descubro que ese hombre sigue comiendo. Miro mis manos y no puedo sacar ningún libro más. Solo me quedo con la tesis, así como si solamente quisiera quedarme con Pedro. Como buscando ese espacio en el que pudiera sentir que le estoy haciendo justicia, homenaje. Pero cualquier cosa que yo haga termina por parecer algo muy menor comparado con lo que cualquier fan pudiera hacerle sentir. Mientras caía, el veía el suelo de Yucatán acercarse seguramente muy caliente hacia sus ojos. Fue en el mes de abril. Estamos en el mes de mayo. Seguramente sus ojos fueron mas intensos que nunca mientras se incendiaba. Más que cuando miraba a las personas cuando las personas lo miraban en el cine. Con mas fuego que cuando miraba a la mujer que amaba. Pero con el fuego más intenso cuando se daba cuenta que se le consumía la vida que tanto quería, aquí, en las piedras calientes de Yucatán. Cincuenta años más tarde, me encuentro aquí, repasando mis escritos, y escribiendo nuevamente, y pensando como escribir otra vez quien fue. No quiero dejar de escribir de el aunque nunca diga nada. Aunque nunca escriba algo como si fuera un fan, y mas bien como si el fuera mi pretexto para escribir o escuchar sus canciones. Me gusta mucho escuchar sus canciones, y me gusta mucho escucharlo desgarrarse. Aunque nunca tomara alcohol, sabía desgarrarse muy bien. Y sabía muy bien que la gente quisiera desgarrarse como el mismo lo hacía. Así, de pronto, así muy aguardientemente. Aunque el no tomara una gota de alcohol. Eso no quiere decir que las personas que lo escuchan y lo escucharon no quieran hacerlo. Cuando lo escucho en la Flor de Santiago y repaso mi tesis, sus libros, su novela; imagino como fue desgarrándose en ese avión que a nadie le gusta recordar. Cayendo por el cielo yucateco, sorprendiendo a cualquier familia en el rumbo donde cayó. Por eso su mirada fija, en la estatua hecha de llaves que se encuentra cerca del sitio donde fue el final de su vuelo, esta muy grabada en mi mirada, esa mirada suya hecha de llaves derretidas y de fuegos negros. Encontrando los míos en los suyos, como cuando el avión caía, perdidos, perdido, perdiéndose en el fuego, como yo, como cuando camino nuevamente hacia el centro, pensando quizá, cuando será como el suyo, mi encuentro.
martes, abril 04, 2006
Sonidos Interiores
Aproximadamente hace diez años, en todo México había un movimiento de rock de muchas bandas en donde todas luchaban por tener un sonido propio. En la lucha para sonar a otras formas tanto crudas, había cuando menos un corpus de bandas y grupos de rock tanto a nivel local como nacional. Las bandas y los músicos luchaban por una independencia en la cuál su meta era conseguir desde mejores instrumentos, hasta mejores espacios en los cuales presentar su propuesta. Había parques, teatros, en donde fuera de un lenguaje influenciado por los medios o canales de televisión como Mtv, los grupos de rock en español estaban en pleno período de búsqueda y de encuentro en un mismo plano que puede llamarse creativo. Con la llegada de la música electrónica a finales de los noventas, la aparición y presencia de raves en todas las ciudades hizo que los movimientos contraculturales que venían desde la periferia hasta una ciudad capital donde empezaban a promocionarse desaparecieran. Se pasaron los espacios musicales que se habían logrado en las ciudades a las afueras de las mismas ciudades en casas o quintas, en donde la presencia de los espectadores de los escenarios roqueros de la ciudad escaseaban, y estos se quedaban marginados para poder asistir a estos eventos, puesto que una visión de elite para ese momento, ya se había apropiado de lo “propositivo” musicalmente hablando, presentándolo de otra manera, una manera digerible a las autoridades que en un inicio se habían escandalizado por la presencia de “drogas” duras y suaves en ese tipo de eventos, en donde un grupo social reducido presentaba una idea “artística” musical de su experiencia de mundo, donde se representaban los intereses de una clase económica que terminó por estrangular la espontaneidad y frescura de un movimiento que iba de afuera para dentro, ahorcando los oficialismos e incomodándolos mucho, para llevar el movimiento hacia “muy lejos afuera”, pero en una afuera restringido por una visión burguesa de elite, carente de capacidad para entender que no cualquiera puede elegir ser músico, y que esto también representa un oficio al cuál hay que entregarse y no pasar como “las mejores grandes posibilidades musicales” de la ciudad, para cierto grupo de gente ignorante de la variedad musical en el entorno pues su visión y capacidad expresiva, al estar mediatizada, al estar en “lo que vende”, todavía es muy reducida.
lunes, diciembre 12, 2005
Jazz en el calor
En los ruidos te encuentro y puede haber una cadencia, que une acelerones, que diversos nos envuelven por la improvisación de las calles.
La ciudad es un conjunto de manifestaciones rítmicas al mediodía. Calle setentas funky y ambiente que me sacude ya el corazón.
Hay una banqueta que es un patrón que se sigue y que sigo, camino en cuadraturas y ladrillos cubiertos de sol y blues. El oleaje que levanta el sudor es anglosajón con lentes. El café se eleva hasta los ventiladores que aclimatan esta furia y esta tristeza. Acumulo los sentimientos como las figuras de un contrabajista, y muevo, muevo mis respiraciones y esta taza sacude mi sonrisa para continuar con la fusión.
La banqueta se revierte y cambia el patrón del horario, las manecillas se hacen líquidas, sacudo las ramas de los árboles para que caiga un anciano indigente. Las soledades se encuentran afuera de la iglesia y cenan las plegarias en los alrededores del mercado. El anciano bebe un poco de jazz en una botella de plástico. Busco mi esqueleto en una moneda para hacer una llamada. Tomo una plumilla y se la echo al teléfono, al otro lado no respondes, y yo te digo: sacude ya tu corazón.
La cartera da vueltas alrededor de mi pluma. En el aluminio de los pesares urbanas tres chicas se pasean en sus uniformes. Los ladrillos de las ferias se inflan como las casas de mis amigos. Un poco de jazz para el comercio de estas almas.
Se rebelan las melenas de los presentes, en el festín de los callejones un sax sacude sus neuronas: un poco de jazz para quien levanta un dedo al extinguidor.
La ciudad es un conjunto de manifestaciones rítmicas al mediodía. Calle setentas funky y ambiente que me sacude ya el corazón.
Hay una banqueta que es un patrón que se sigue y que sigo, camino en cuadraturas y ladrillos cubiertos de sol y blues. El oleaje que levanta el sudor es anglosajón con lentes. El café se eleva hasta los ventiladores que aclimatan esta furia y esta tristeza. Acumulo los sentimientos como las figuras de un contrabajista, y muevo, muevo mis respiraciones y esta taza sacude mi sonrisa para continuar con la fusión.
La banqueta se revierte y cambia el patrón del horario, las manecillas se hacen líquidas, sacudo las ramas de los árboles para que caiga un anciano indigente. Las soledades se encuentran afuera de la iglesia y cenan las plegarias en los alrededores del mercado. El anciano bebe un poco de jazz en una botella de plástico. Busco mi esqueleto en una moneda para hacer una llamada. Tomo una plumilla y se la echo al teléfono, al otro lado no respondes, y yo te digo: sacude ya tu corazón.
La cartera da vueltas alrededor de mi pluma. En el aluminio de los pesares urbanas tres chicas se pasean en sus uniformes. Los ladrillos de las ferias se inflan como las casas de mis amigos. Un poco de jazz para el comercio de estas almas.
Se rebelan las melenas de los presentes, en el festín de los callejones un sax sacude sus neuronas: un poco de jazz para quien levanta un dedo al extinguidor.
lunes, diciembre 05, 2005
Juan Bañuelos
ECLIPSE
Tendría que quedarme sordo todo el día
Para acallar mi corazón.
Qué camisa de hastío te adelgaza.
Qué trapo más mojado la mañana.
Que vaya conmigo el día buscando ciegos
O tartamudos de dicha. Eso es todo.
De dos en dos salen mis ojos y tocan la esperanza,
Con las manos repasan la espalda a la ternura.
¿Quién guarda lo que busco?
Yo emprendo las tareas del que tiene
Maduros labios para el grito.
Para quien llora al pie de la cama de su hijo,
Para el amante que amanece
Con hembra innumerable
En esta silla pongo mi cuerpo sin huesos,
En este vaso dejo mi sangre.
Voy a dormir, a descansar sólo un instante.
He de volver para cantar de nuevo.
Tendría que quedarme sordo todo el día
Para acallar mi corazón.
Qué camisa de hastío te adelgaza.
Qué trapo más mojado la mañana.
Que vaya conmigo el día buscando ciegos
O tartamudos de dicha. Eso es todo.
De dos en dos salen mis ojos y tocan la esperanza,
Con las manos repasan la espalda a la ternura.
¿Quién guarda lo que busco?
Yo emprendo las tareas del que tiene
Maduros labios para el grito.
Para quien llora al pie de la cama de su hijo,
Para el amante que amanece
Con hembra innumerable
En esta silla pongo mi cuerpo sin huesos,
En este vaso dejo mi sangre.
Voy a dormir, a descansar sólo un instante.
He de volver para cantar de nuevo.
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